Desmontar y reconstruir la mandíbula para operar un tumor de vasos sanguíneos

"Se te quitan tonterías; supe lo que era pasar de treinta amigos a tres"

Alejandro Díaz, ovetense, pasó varios años con la cabeza rapada y la cara hinchada

27.04.2014 | 03:26

Un raro tumor de vasos sanguíneos le abocó a una complejísima y novedosa intervención quirúrgica de 14 horas que incluyó varios injertos y le dejó la cabeza rapada y la cara muy hinchada durante varios años. Estrenaba la adolescencia y optó por recluirse en el estudio y en el deporte. Todo cambió cuando él y sus padres decidieron que estudiara una carrera universitaria en Londres. Allí se despojó de todos sus complejos, las huellas de la operación se fueron mitigando y hoy, a sus 33 años, Alejandro Díaz Peláez trabaja en la empresa familiar y desarrolla una vida absolutamente normal. De aquel durísimo episodio, se queda con lo mejor: "En situaciones así, se te quitan muchas tonterías. Supe lo que significaba pasar de veinte o treinta amigos a quedarme con dos o tres, que hoy son mis amigos de verdad", subraya este joven ovetense.

Todo comenzó con frecuentes hemorragias nasales. "En un principio, ni mi familia ni yo le dimos mayor importancia", comenta. Tras uno de esos sangrados, acudió a urgencias y los médicos, al intentar taponar la hemorragia, vieron que aquello era una catarata. "Estuve a punto de necesitar una transfusión", recuerda. Los especialistas terminaron diagnosticándole un tumor que, en ocasiones, es causa de muerte súbita. Se imponía someterle a una operación que entrañaba una enorme complejidad. Era el año 1995. "Yo tenía 13 ó 14 años", señala.

El protagonismo se trasladó entonces al servicio de otorrinalingología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Desde hace más de dos décadas, su unidad de cirugía de la base del cráneo está catalogada por el Ministerio de Sanidad como referencia para todo el territorio nacional, y es la que mayor volumen de actividad desarrolla de todo el país. Por eso LA NUEVA ESPAÑA designó a su responsable, Carlos Suárez, "Asturiano del mes" en mayo de 2013.

"Tuvieron que desmontarme la mandíbula para acceder a una zona situada debajo del paladar", relata. El proceso quirúrgico requirió una difícil reconstrucción estética en la que los cirujanos emplearon injertos de la cabeza del propio paciente: "Estuve hospitalizado desde junio hasta Navidad; fue muy duro para mí y para mis padres".

En cifras redondas, un año estuvo apartado del mundo. "Me miraba al espejo y veía una cara que no me motivaba nada a salir con los chavales de mi edad". Hoy, pasados 19 años, las señales del paso por el quirófano están muy aminoradas y disimuladas por el pelo. Por lo demás, "si alguna chica se limita a valorarme por la perfección de la cara, no me interesa mucho". No obstante, alguna secuela sí le queda. En concreto, un defecto en el párpado izquierdo que impide que el ojo se le cierre completamente: "Soy propenso a sufrir conjuntivitis y sé que de mayor voy a tener cataratas".

Como balance global, Alejandro Díaz sostiene que aquella enfermedad y todo el calvario quirúrgico "condicionaron mi vida positivamente". Y agrega: "En los años en que estuve más apartado de la vida social adquirí mucha capacidad de trabajo, y eso me ayudó a sacar la carrera con poco esfuerzo. A veces me sorprendo de las pequeñeces por las que la gente se agobia". Y apostilla: "Si no fuera por el doctor Suárez y su equipo, no estaría aquí".

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