Muti y su "Falstaff" de Oviedo, en la historia

Unánimes elogios nacionales a la dirección de la ópera de Verdi por el maestro italiano Wenceslao López: "Un espectáculo impresionante, pero un lujo excesivo para las arcas públicas"

03.08.2015 | 03:46
Riccardo Muti y su esposa, Cristina Mazzavillani, a su llegada a Oviedo el pasado martes.

Riccardo Muti, "Príncipe" de las Artes, lo dijo el pasado martes, a su llegada a Oviedo, instantes después de escuchar a la gaita el "Cumpleaños feliz" por sus 74 años: "Este 'Falstaff' es una contribución cultural de Italia a España". Y más tarde, en una conversación con colaboradores y responsables de la programación musical municipal, decía que había elegido Ravenna y Oviedo para representar la mejor ópera de Verdi porque el compositor italiano, en sus cartas, quería que fuera una ópera de cámara, para representar en su casa de Santa Ágata, y estas dos ciudades encajaban en esa dimensión. Las dos funciones en el teatro Campoamor se han convertido en el acontecimiento musical del verano español, si se atiende a la repercusión que han tenido en los medios nacionales e internacionales.

"Me ha parecido un espectáculo impresionante a nivel global, en todas sus expresiones: música, dirección, interpretación, escena, etc. Pero, al mismo tiempo, el coste que ha supuesto lo considero excesivo para recaer en las arcas municipales", declaró a LA NUEVA ESPAÑA Wenceslao López, alcalde de Oviedo.

"Las dos representaciones tienen un valor añadido indiscutible para la ciudad y le han dado una impronta como gran lugar de ópera en Europa, pero, en el futuro, tendremos que ver si un municipio puede sostener o no una inversión de estas características", afirmó Roberto Sánchez Ramos, concejal de Cultura del Ayuntamiento.

Aunque todavía no tiene las cifras definitivas - "que haremos públicas", afirma-, Sánchez Ramos asegura que el presupuesto de las dos producciones fue de alrededor de 580.000 euros. Se vendieron algo más de 1.900 entradas con lo que, en taquilla, se recogieron unos 200.000 euros. "La sociedad ovetense tendrá que debatir si la proyección internacional de un acontecimiento de este tipo compensa con su posible sostenimiento económico", añadió.

A la primera función, el pasado viernes, asistieron el alcalde, y el propio Sánchez Ramos, y la Corporación invitó al palco a la directiva del Colegio de Abogados. No hubo ninguna representación del Gobierno regional, como ya suele ser habitual en grandes acontecimientos musicales de Oviedo. En la función del sábado, el palco municipal estuvo vacío.

"Invitamos a varias asociaciones, pero casi todo el mundo estaba de vacaciones", señala Sánchez Ramos.

"Uno de los eventos operísticos del año en nuestro país: el mayor verdiano vivo dirigiendo su ópera favorita del compositor italiano", escribía ayer el crítico Pablo L. Rodríguez en "El País".

Y añadía: "Muti, ahora ya en su propio estilo tardío, dejó momentos absolutamente reveladores en su actuación en el Campoamor como el arioso "É sogno? O realtá? que trajo con verdaderos ecos del 'Otello' verdiano. El monólogo de 'Falstaff' que abre el tercer acto trufado con un fragmentario acompañamiento casi de bisturí. Y la fuga final 'Tutto nel mondo è burla", a la que concedió una trascendencia dramática desconocida".

"'Falstaff' y la inexplicable magia de Riccardo Muti", titulaba Antonio Moral en el diario "La Razón". Moral habla de "una noche histórica" y de un único triunfador, Muti, al que califica de "genio". "Se apunta así un tanto la ciudad y sus dos últimos alcaldes, el antiguo, que la impulsó hace un año, y el nuevo, que la mantuvo hasta el final, a pesar de críticas estúpidas".

Rubén Amón, del diario "El Mundo", aseguraba que Muti había convocado a Verdi en el Campoamor, de cuya memoria "es custodio". "No desde la superstición ni desde la superchería, sino desde la profundidad y naturalidad con que leyó el testamento de 'Falstaff'".

"Realmente", añadía Amón, "lo que hizo Muti fue construir la dramaturgia de 'Falstaff' y la arquitectura sonora de la ópera. Impresionaba la conjugación de los planos sonoros. Destacaba una concepción camerística de la obra (...) Nunca relajó la intensidad, la tensión teatral. Se ensimismaba uno observando su perfeccionismo técnico y gestual, pero lejano de cualquier encorsetamiento".

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