Reflexiones desde la sabia vejez

Gabino Díaz Merchán, que acaba de cumplir 50 años desde su nombramiento como obispo, mantiene una "vida monacal" y se confiesa "atento a los problemas del mundo"

04.09.2015 | 03:47
Gabino Díaz Merchán, ayer, en la Casa Sacerdotal de Oviedo.

"De fachada estoy bien, pero la fachada esconde la vieyera. Hace cuatro años me operaron del intestino, cuestión de vida o muerte. Y sí, me repararon la avería, pero los médicos no me pudieron quitar años de encima".

Gabino Díaz Merchán cumplirá en febrero 90 años y acaba de celebrar medio siglo desde su nombramiento como obispo de Guadix. Ayer celebró un encuentro en la Casa Sacerdotal, en Oviedo, con un pequeño grupo de periodistas. Tres cuartos de hora, café incluido, de pequeña clase magistral de quien fue arzobispo de Oviedo 33 años.

La Asturias de 1969. "Estuve de obispo de Guadix sólo cuatro años. Entré en Asturias para San Mateo de 1969. Era un destino que daba miedo, pero yo nunca lo tuve. Conocía Asturias bien porque venía con frecuencia en mis diez años estudiando en Comillas. El carbón ya estaba en declive y Asturias con él. Siempre me preocupó esa juventud muy estudiada, como se dice, que tiene que marchar para buscar trabajo. De Asturias siempre valoro su hidalguía y su capacidad de acogida. Aquí uno nunca se siente extraño".

El Concilio del cambio. "Mi antecesor, Tarancón, había hecho en Asturias una labor muy meritoria pero corta. Dio a conocer el Concilio Vaticano, que sigue estando muy vigente. El Concilio impuso un cambio profundo y eso creó incertidumbres, pero supo adaptar el Evangelio a un lenguaje nuevo. Comenzaron a decirse las misas en castellano, y no en latín, y la gente, a pesar de que no sabía latín, se quejaba por el cambio. Yo creo que el Vaticano II todavía no es del todo entendido".

La autocrítica. "La Iglesia se está purificando de sus propios pecados, pero solemos echar la culpa al vecino. El peligro es que los cristianos nos consideremos santos y perfectos. Los hay que comulgan y no son buenos cristianos, y cuando se les dice, les entra por un oído y les sale por otro. Siempre os suplico que pidáis por mis faltas y pecados, porque los tengo".

El Papa. "Francisco me es muy querido. Es jesuita y yo me eduqué con ellos. Su tono sencillo y directo impresiona. La Iglesia evoluciona, aunque esa evolución no pueda ser igual en África que en la China. Admiro a todos los Papas que conocí. Recuerdo que, en vísperas de su viaje a Asturias, a Juan Pablo II le dije: va usted a conocer un pueblo de gran sensibilidad social. Y el Papa tomó nota y su homilía en la misa de La Morgal fue de un sentido social profundo".

Vida monacal. "Hago casi vida monacal, no echo de menos salir. ¿Adónde voy a ir? Si paseo, me conocen y me paran. Y claro, no puedo decir: déjeme en paz, que me caigo. Me dedico a rezar por la Iglesia y el mundo y pido que el Señor nos ilumine a todos, a cristianos y no cristianos. Sigo atento a los problemas pero soy optimista, siento que entramos en una nueva era. El mundo cambia para bien y para mal al mismo tiempo porque los hombres somos eso, mezcla de cosas buenas y malas".

El aborto. "Estaba viendo hoy esa foto que causó una conmoción mundial, la del soldado recogiendo de la playa el cadáver de un niño de 3 años ahogado en el naufragio de unos emigrantes que huían de la guerra. Terrible. Pero, ¿qué decimos ante la muerte de millones de seres humanos por los abortos? El aborto me parece un crimen gravísimo. Y dicho esto, la actitud de fraternidad cristiana debe ser para todos, incluso para los que practican los abortos".

La fe y el mensaje. "Tenemos que darnos cuenta de que la fe es algo personal. Uno no es católico porque lo sea el rey o el alcalde. Nos da seguridad decir que somos tantos millones de creyentes, pero el número no es lo más importante. El mensaje es lo que importa. El sentirse solidario y hermano con los demás. Lo decimos pero se está lejos del convencimiento interior. Hay quien quiere evangelizar cuando necesita que el evangelizado sea él".

Tres frases. "Para los que aman a Dios todo conduce al bien. También los sufrimientos".

"Como obispo me tocó bendecir un alto horno en Asturias. Los tiempos han cambiado, ahora vas a una acería y están todos con batas blancas, como si fuera un hospital".

"Me llevo bien con todos los políticos. Hay que cuidar que el régimen apoye, pero no demasiado".

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