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"El Padrino", sólo bueno en el cine

Expertos en Derecho disertaron en Oviedo sobre la "justicia" en el mundo del crimen, las normas del Estado o cómo se pinta a los gánsteres en la ficción

16.10.2015 | 04:14
Xacobe Bastida, José Manuel Paredes, Benjamín Rivaya y Miguel Presno, ayer, durante la charla en el Aula Magna. En el círculo, Marlon Brando en "El Padrino". luisma murias

José Manuel Paredes Castañón, catedrático de Derecho Penal; Miguel Presno Linera, catedrático de Derecho Constitucional, y Xacobe Bastida Freixedo, profesor titular de Filosofía del Derecho, disertaron ayer, en el Aula Magna del campus del Cristo, sobre "El Padrino" de Coppola. Reflexiones jurídicas muy ilustrativas, pedagógicas y conscientes de la separación entre la ficción y el mundo terrenal.

El acto, cuyo maestro de ceremonias y moderador fue el decano de la Facultad de Derecho Benjamín Rivaya, tuvo una muy buena respuesta del público, que prácticamente llenó el salón.

Muy claro lo dejó de entrada Paredes Castañón: "Es una magnífica película, pero poquito tiene que ver con la realidad". Y, aún más gráfico, apuntó: "Coppola presenta gánsteres glamurosos que matan a la gente con elegancia". El catedrático separa ese gansterismo mitificado del cine del mundo real. De hecho, el título que dio a su intervención fue "¿Por qué nos gustan los gánsteres (en la pantalla)?". Más descriptivo fue aún para referirse a ese porte elegante de Marlon Brando en el filme. El profesor explicó que hay gestos que desvelan este mundo, como "los ritos" que retrata Coppola, "ritos que son una forma de poner a la gente a tu servicio" para luego explotarla.

Esta primera intervención de "Las reflexiones jurídicas en torno a 'El Padrino'", que así se tituló la conferencia, está muy ligada a la escena de "El Padrino" en la que Bonasera aparece sobre luz tenue diciendo: "Creo en América... aquí hice mi fortuna?". Bonasera le pide al Padrino (aún con el rostro escondido tras su mesa) la justicia que no le dio el Estado (reflexión en la que se extendió posteriormente Miguel Presno y, con otro enfoque, Xacobe Bastida). Habían maltratado a su hija y el juez suspendió la condena. Ahí se aprecia cómo pasa por el aro y accede al sometimiento del Padrino. Le muestra respeto con otro rito, el "besamanos". Finalmente, el Padrino hará justicia, pero ya le deja caer que algún día le puede pedir un favor: "El imaginario de la mafia está condicionado por estas reproducciones", apuntó Paredes. "Es extremadamente tramposo y no se debería tomar como la realidad, la mafia real se parece poco a Marlon Brando" .

Igualmente, apoyándose más intensamente en escenas de "El Padrino", Miguel Presno tomó una interesante variante. El punto de partida fue ¿"Por qué hay que obedecer las normas?", y puso un ejemplo contundente: ¿Por qué pagar los impuestos al Estado y no a la mafia o un impuesto revolucionario? Es decir, un planteamiento para diferenciar las normas del Estado ante las de una banda criminal. Y echa la mirada atrás a la citada escena de Bonasera, que viene a decirle al Padrino que, a su entender, el trato a su hija fue un atropello de la justicia del Estado: "La reacción del Padrino parece más justa". Pero es un amparo interesado. Lo que se aprecia es la protección del Padrino, que Presno extiende más adelante con otra escena: cuando Johnny Fontane llora ante Don Vito para conseguir un papel estelar en Hollywood. Del personaje de Fontana la leyenda siempre contó que era un irónico guiño a Frank Sinatra.

Hubo otro ejemplo expuesto por el profesor que vincula ese punto de partida Estado-banda criminal, que es el viaje de Michael Corleone (Al Pacino) a La Habana, donde, por cierto, visita a su hermano Fedro y le deja un recado con el siempre inquietante beso de la mafia. De inmediato se observa la caída del régimen cubano y la entrada de la revolución: "Fin de una legalidad", explica Presno, para entrar en otro sistema. En la comparativa con la realidad ve una exageración en que el filme emita el mensaje de que crimen y política es lo mismo, aunque sí concede que hay desconfianza ante los políticos.

Este camino fue el argumento del profesor Bastida: "Se parte de unos principios domésticos, que son los de la familia, la sangre, el linaje, normas compartidas que vienen a construir un protoestado", como en una organización criminal. "A este sistema se oponen los principios burocráticos de mérito, capacidad y derecho del Estado. O sea, hay dos principios muy claros en la historia: el doméstico, cuya organización social se lleva con los mismos principios que un padre lleva una casa, y luego el citado principio burocrático o funcionarial, que es todo lo contrario: renuncia a linaje y se ajusta al mérito. El primero es vasallaje por cuestión sanguínea", matiza. Y añade: "Estamos ahora en un Estado que se rige por infinidad de estancias. Y en política también se da, como lo que dijo Margallo: 'Hemos actuado contra uno de los nuestros'", alusión al título de Scorsese, "el concepto de omertá. El principio burocrático que rige está cada vez más infiltrado de ese principio doméstico. Y la utilización de lo público con intereses privados", concluyó.

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