La multitud que hizo llorar a Padura

El cubano agradece la acogida que le brindaron más de mil quinientos lectores, algo "emocionante para cualquier persona y demoledor para un escritor"

21.10.2015 | 15:13
La multitud que hizo llorar a Padura
Encuentro de Leonardo Padura, premio \
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La multitud que hizo llorar a Padura

A Leonardo Padura, la multitud que lo recibió con un largo y sonoro aplauso en el Palacio de Congresos de Oviedo le hizo saltar las lágrimas. Con la voz quebrada acertó a decir "ustedes me demuestran que vale la pena hacer lo que hago". Antes de empezar un recorrido por su literatura, salpicado de vivencias y anhelos, el autor cubano no pudo ocultar que es un sentimental al que el recibimiento de mil quinientas personas, procedentes de clubes de lectura de toda España, le llegó al alma. "Esto es muy emotivo, quiero agradecérselo porque si para cualquier persona es emocionante, para un escritor es demoledor. Uno escribe solo y nunca sabe si alguien lo va a leer, así que cuando ve algo como lo que ocurre aquí esta tarde no puede sentir más que satisfacción".

Titulado "Padura, coartada perfecta", el encuentro estaba planteado como un diálogo con el guionista Felipe Hernández, que fue dando pie al escritor a repasar los asuntos que más interesan a sus lectores, "lectoras sobre todo", como subrayó el entrevistador. En ese camino, supimos que al cubano no le gusta hablar de política y lo que más le atrae es dialogar sobre literatura, cine y béisbol. Al final de la charla, contó que este deporte fue su pasión desde la más tierna infancia, y para agradecerle su disponibilidad le regalaron una camiseta que no dudó en ponerse con una gran sonrisa que delataba felicidad.

El inspector Mario Conde, protagonista de muchas de sus novelas policiacas, estuvo muy presente en el encuentro. Padura explicó que su nacimiento estuvo forzado por la necesidad de un personaje cuyas características fueran capaces de expresar los elementos de la realidad cubana. Después repasó las coincidencias que los unen y los separan, "como la distancia etílica que hay entre Conde y yo", aunque todo indica que en la próxima novela el inspector transmutado a comprador y vendedor de libros se está planteando qué hacer con la bebida y el tabaco, teniendo en cuenta que cumple 60 años y entra en lo que él llama "la cuarta edad".

Padura quería que Mario Conde tuviera sensibilidad, inteligencia y afición por la literatura porque era preciso que expresara "esa visión generacional de lo que ha sido vivir en Cuba en estos años". Los une además el sentimiento de la amistad ya que Conde sin sus amigos no es el personaje que es "y a mí me pasa lo mismo", comentó el autor de "Herejes", su última novela.

Los perros, con los que convivió toda su vida; Hemingway -"que nunca tuvo un público como el que tengo aquí hoy"-, la música, el periodismo y el miedo que siente a terminar una novela fueron parte de la conversación.

El periodismo en el que se inició con crónicas y reportajes le sirvió para dominar técnicas y recursos que pronto se plasmarán en su literatura. De aquella etapa le quedó el gusto por el proceso de investigación, "con lo que disfruto a veces más que con la propia escritura". Se declaró un hombre curioso e investigador, algo que dijo consustancial a su modo de entender la literatura y el periodismo. Desde su primer trabajo en "Juventud rebelde", esa búsqueda de los orígenes de las cosas nunca le abandonó.

Del interés por la indagación surgió "El hombre que amaba a los perros", novela que acabó dando la vuelta a su pensamiento inicial sobre Trotsky y Ramón Mercader. "Descubrí que Trotsky como político absoluto era un hombre de muy escasa humanidad mientras, al contrario de lo que yo pensaba, Mercader tenía un corazón, había cometido un hecho reprobable, pero tenía un corazón".

Y no podían terminar sus revelaciones sin aludir a la música, inherente al alma de Cuba, aunque los jóvenes de su generación estaban más atraídos por el pop y el rock. Era una música prohibida en su país que "sirvió para crear una complicidad generacional. Estábamos probando una fruta prohibida y despreciábamos la música cubana". Padura se enamoró de la salsa en Gijón, en 1989, durante un concierto de Rubén Blades.

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