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"Me atrevo a decir que gracias a los Premios se han construido en Gijón cinco barcos atuneros"

23.10.2015 | 10:06
Graciano García.

Graciano García continúa viviendo con intensidad y emoción todos los actos de los premios "Princesa de Asturias", pese a que su condición de director emérito le aleja de la organización diaria. Creador de estos galardones, el que fuera director de la institución durante casi treinta años, siente como propias las críticas y los descalificativos a los galardones. García afirma que los Premios son muy positivos tanto para Oviedo como para Asturias. "Me atrevo a decir que gracias a su existencia se han construido en los astilleros de Gijón cinco barcos atuneros y que el creciente incremento del turismo no es ajeno a la positiva imagen que dan ante el mundo nuestros Premios", afirma .

-¿Le cuesta aceptar que haya quien considere que los Premios no son buenos para Asturias?

-Por fortuna, los que piensan así son una inmensa minoría, que acepto, pero que a mí me cuesta mucho entender. Nuestras encuestas dan a nuestros Premios una aceptación popular cercana al 90%, lo que es sociológicamente muy infrecuente. En alguna entrevista me preguntaron cuál es su vocación de fondo y nunca dudé en responder que es la que proclamó don Quijote: hacer el bien a todos y el mal a nadie. Y es lo que estamos procurando desde hace 35 años. Nuestros Premios son buenos para Asturias, para España e incluso para Europa, porque defienden y promueven valores esencialmente europeos: la defensa de la libertad, la promoción de la cultura, el aliento a la concordia, la admiración por el genio humano. Hemos premiado y hemos tenido entre nosotros a personalidades que han influido en el mundo, en nuestras vidas, con su obra y su ejemplo; que han hecho con sus creaciones en todos los campos de la actividad humana, en su lucha contra la injusticia, contra el dolor y la enfermedad, aportaciones trascendentales. Gracias a los Premios miles de asturianos hemos sido testigos admirados del resplandor de ideas, de conocimientos, de palabras sugestivas y valerosas. Esas cosas nunca se siembran en vano. Nunca caen en tierra baldía. Llegan de una manera o de otra a todos, incluso a los niños, y puede que esas semillas les sirvan para orientar sus vidas. Se contribuye así al desarrollo humano y al progreso de la vida de la sociedad. No todo es, ni tiene que ser, lo material. Así nos estamos expresando ante el mundo: como lo que somos, un pueblo generoso, amante de la vida y de la cultura. Y hemos logrado con muchos sacrificios lo que parece un milagro.

-¿Cree que son los más importantes tras los Nobel?

-Están considerados como los más importantes del mundo después de los Nobel, a pesar de tener la más pequeña dotación económica entre los grandes premios que se convocan en el mundo.

-Pero la Fundación va más allá de los Premios.

La ceremonia del Campoamor es vista por televisión por millones de personas en todo el mundo. Pero tengo que resaltar que la Fundación es mucho más que los Premios y que los Premios son mucho más de lo que se ve. Da trabajo directo a más de cuarenta personas, impulsa actividades durante todo el año, como son las del área musical, con tres coros, el de adultos el mejor que ha tenido Asturias en toda su historia, y está considerado entre los mejores de Europa; la Escuela Internacional de Música, el premio Pueblo ejemplar. Hasta me atrevo a decir que gracias a su existencia se han construido en los astilleros de Gijón cinco barcos atuneros y que el creciente incremento del turismo en nuestra región no es ajeno a la muy positiva imagen que dan nuestros Premios.

-Ha llegado a pedir la dimisión de la vicealcaldesa Ana Taboada por afirmar ésta, en una entrevista, que los Premios le parecían "añejos" y "pasados de moda". ¿Se arrepiente?

-Esas declaraciones fueron recogidas del muro de mi perfil privado de Facebook, que escribí a bote pronto. Quienes me conocen saben que soy una persona de concordia, que me gustan el entendimiento y la amistad, que procura siempre tender puentes entre opiniones diferentes. Lamento si mis palabras pudieron sonar muy duras. Pero surgieron pensando que la señora Taboada ya no es una persona privada, sino que es vicealcaldesa de Oviedo, que nos representa a todos. Ella hizo una declaración política y yo estoy en mi derecho ciudadano de pedir su dimisión. No critiqué su opinión sobre los Premios, al decir que están pasados de moda, de lo que discrepo, por supuesto, sino su anuncio de que estaría donde estuvo el año pasado, es decir, en la manifestación de la Escandalera a la misma hora de la entrega de los Premios, donde se insulta, se proclaman a voz en grito expresiones inadmisibles por injustas y de muy mala educación que hacen mucho daño no ya a la Fundación, sino a la ciudad y a Asturias ante los premiados, invitados de medio mundo y la prensa internacional. Allí se pide la destrucción, lo fácil; se gritan mentiras, obras de la pereza mental, argucias de la ignorancia. Una manifestación muy lamentable en la que el año pasado participaron invitados por los convocantes y traídos del País Vasco miembros de entidades herederas de ETA, una organización terrorista que nos amenazó a todos y a mí directamente. Toda libertad tiene su límite. Decía mi admirado Julián Marías que siempre es demasiado pronto para ceder y abandonar el campo a los que no tienen razón. Sería inimaginable que en Suecia un cargo político con representación dijera en su capital públicamente que los premios Nobel están pasados de moda sin que inmediatamente se formara un escándalo y se pidiera su dimisión desde todas las instancias. Pero, insisto, en que en modo alguno quise decir palabras hirientes. Si lo hubiera interpretado así, no me cuesta ningún trabajo pedirle disculpas. Conozco a su padre y de él sólo puede tener continuidad una buena persona.

-¿Qué distingue a los premios "Princesa de Asturias"?

-Los Premios quieren contribuir a hacer una Asturias y una España mejores, al reconocer la excelencia, el esfuerzo en el trabajo bien hecho, el sacrificio, la entrega generosa a los demás, la creación artística destacada, el progreso científico, los avances en el saber, allá donde se produzcan, salvando fronteras, superando razas y culturas.

-¿Qué opinión tiene de la gestión realizada por su sucesora en el cargo, Teresa Sanjurjo?

-En su momento, el patronato de la Fundación, el presidente, Teresa Sanjurjo y yo, al cesar como director, realizamos una transición ejemplar. Y estos procesos no son nada fáciles. Siempre surgen ambiciones escondidas, equívocos, envidias, rencores. En fin, hierve la sangre de Caín, que diría Unamuno. Lo salvamos entre todos con generosidad, altura de miras y una profunda lealtad al hoy Rey y al espíritu de la Fundación. La directora está realizando su tarea con ejemplar responsabilidad para llevar a lo más alto esta maravillosa aventura. Está haciendo una excelente labor, rodeada de un equipo de personas muy preparadas, ilusionadas con lo que hacen, leales a la Fundación, una herencia que le dejé en su mayor parte, de la que me siento muy orgulloso de haberla formado. Ella y el equipo trabajan con muy alto sentido del deber, responsabilidad y gran eficacia.

-Cuando llegan estas fechas, ¿qué echa de menos de aquellos días en la dirección? Y, al contrario, ¿qué placer de no estar en esa organización le gusta más?

-Todo tiene su momento y todo tiene su tiempo bajo el sol, nos dice el hermoso y sabio Eclesiastés. Han pasado los años, soy director emérito vitalicio -lo de vitalicio lo puso el Príncipe entonces- y estoy cumpliendo feliz su encargo: velar por el alma y el espíritu de la Fundación y de los Premios. Lo hago en sintonía con el patronato, el presidente y la directora. Y estoy feliz. La alegría es virtud de los quijotes, escribió Herman Hesse, una frase que me gusta mucho. Soy muy afortunado: no puedo decir que mi corazón late en el gran desierto de vivir sin causa, como proclama un luminoso verso.

-¿Cuándo cree que debería incorporarse la Princesa Leonor a la entrega de los galardones?

-La Princesa de Asturias, Leonor, es aún una niña de 9 años. Está recibiendo la mejor educación y cuando sea el momento podrá tomar el relevo al frente de estos Premios, que ya han modificado su nombre para adaptarse al suyo. Fijar ese momento es una decisión que corresponde en exclusiva a sus padres, los Reyes, porque, como ha afirmado el Rey, la presidencia de honor de la Fundación es una responsabilidad "intensa, estimulante e ilusionante". Él, siendo Príncipe de Asturias, presidió la ceremonia de la entrega de los Premios por vez primera con 13 años, así que es de suponer que habrá que esperar aún unos años para que lo haga doña Leonor.

-Cuando nacieron los Premios, España vivía una etapa difícil. ¿En qué se parecen y se diferencian aquella etapa y ésta?

-Por fortuna, no tienen nada que ver. El país salía de una muy larga dictadura que había sido muy cruel con los vencidos. Y había que apagar odios, aventar revanchas y caminar hacia la reconciliación y la concordia para conquistar la libertad y la democracia. Fue una etapa gloriosa, el pueblo español dio un ejemplo de grandeza de espíritu, de inmensa generosidad. Y hubo momentos críticos, porque el proceso tuvo no pocos enemigos. En esos momentos cruciales nació la Fundación. Y así sólo unos meses después del intento de golpe de Estado de Tejero nos reunimos en Oviedo para celebrar la primera entrega de los Premios y que la libertad había sobrevivido ante la amenaza del regreso de la dictadura. Nunca me olvido de lo que me dijo años después mi queridísimo y siempre recordado con inmensa gratitud Sabino Fernández Campo, persona clave en nuestra historia: que si el golpe hubiera triunfado, habría corrido mucha sangre en España. Como dijo el primer premio "Príncipe de Asturias" de las Letras, el poeta José Hierro, en su discurso, al dirigirse al Príncipe, un niño que tenía sólo 13 años: "Tal vez un día comprenderéis la importancia que para España ha tenido esta actitud de vuestro augusto padre, que no ha permitido avanzar un paso más hacia la tiranía. Ha ido hacia la tolerancia, ha ido hacia la democracia". Aquel espíritu marzó el camino de la Fundación y de los Premios.

-De entre todo lo que vivió en en la historia de la Fundación, ¿con qué hecho, anécdota o acontecimiento se queda?

-Me gusta recordar cosas que los galardonados han dicho sobre Asturias y los Premios. No he podido olvidar, por ejemplo, las palabras de Isaac Rabin, que, tras vivir el acto del teatro Campoamor y ver a las miles de personas que celebran el paso de los premiados con aplausos, nos dijo que un pueblo que se expresaba tan cálida y generosamente y con tal sensibilidad no podía temer al futuro. O Anthony Giddens, que calificó la ceremonia de entrega de los Premios como el acto cultural más importante del mundo. John Gleen, el héroe del espacio norteamericano, dijo, tras estar diez días entre nosotros y recorrerla con su esposa, que Asturias es el más bello y mejor escondido tesoro de Europa. Creo que son palabras emocionantes para los asturianos y, desde luego, lo son para mí y para los que formamos parte de la Fundación. No puedo olvidar tampoco cuando nos recibió en la UNESCO, en París, su máximo dirigente, el japonés Koichiro Matsuura. Días más tarde, la Fundación y sus Premios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad.

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