Artes

Curiosidades cinematográficas de la historia de la familia Corleone

El rodaje de "El Padrino" estuvo lleno de dudas y controversias, ya que nadie apostaba por su éxito, ni siquiera Coppola, que no quería dirigirlo

23.10.2015 | 10:06

La historia de la novela "El Padrino", que en un principio se iba a titular "The mafia", comenzó con una deuda. Y eso que su autor, Mario Puzo, no sabía demasiado de la cosa nostra. Salvo en un aspecto: era un feroz ludópata, y sus deudas con los corredores de apuestas le llevaron a plantear un "best-seller" seguro sobre el mundo del crimen a Robert Evans (jefe de producción de Paramount) cuando fue a venderle los derechos para el cine del manuscrito. La inversión de 12.500 dólares le salió bien a Evans. El volumen estuvo durante 67 semanas en la lista de éxitos de ventas de "The New York Times".

A la hora de llevarla al cine, se pensó en Francis Ford Coppola. Éste no quería hacerlo, pero no le quedó más remedio. Tenía 31 años, una carrera en el mundo de la serie B y, además, estaba endeudado hasta las cejas por haberle producido "THX-1138"a su amigo George Lucas. Robert Evans y el productor Albert Ruddy decidieron vender el proyecto al máximo responsable de Paramount, el malhumorado millonario australiano Charles Bludhorn, de quien había rumores que le vinculaban con los altos mandos de la cosa nostra. Ruddy presentó "El Padrino" y el magnate dio luz verde al filme. En números rojos y buscando locamente un "taquillazo", Paramount quería una película de presupuesto ínfimo, rodada a toda prisa y en la cual (a fin de ahorrar costes) se trasladaría la historia de los años cuarenta a los setenta. Justo entonces, Coppola comenzó a dar muestras de quién era en realidad y se empeñó en mantener la época original. A bordo de un crucero, comenzó la escritura de un guión que costaría mucho más de lo previsto: finalmente, la película requirió el equivalente actual a 27 millones de euros, a lo largo de 6 meses de rodaje.

Una vez escrito el guión, había que pensar en los protagonistas. Para crear a Vito Corleone, Mario Puzo se había inspirado en varios capos de la época. Las conexiones políticas del patriarca y su voz rasposa salieron de Frank Costello, mientras que su habilidad para la diplomacia entre mafiosos tuvieron su origen en Carlo Gambino. Otros fundadores de la cosa nostra estadounidense, Joe Profanti y el mítico Lucky Luciano, aportaron sus buenos modales y su condición de "capo di tutti capi", respectivamente. Su nombre y apellido fueron una combinación del de Vito Genovese y de una población siciliana que aparece en la película. Tanto Coppola como Puzo lo tenían claro: Marlon Brando era el hombre idóneo para encarnar a Don Vito. Pero en Paramount no pensaban lo mismo. Laurence Olivier y Ernest Borgnine eran algunas de sus propuestas. Incluso Frank Sinatra. Finalmente fue para Brando.

Para lograrlo, Coppola tuvo que ceder a tres condiciones: primero, el actor trabajaría por el salario mínimo. Segundo, pagaría de su bolsillo en caso de un retraso en el rodaje. Y, tercero, tendría que hacer una prueba de cámara. Cuando Coppola fue a su casa para grabarle, Marlon se presentó ante él hecho un "hipster", con el pelo largo y vestido de corto. Pero Brando sacó rápidamente al actor que llevaba dentro: oscureció su pelo con betún y se llenó la boca de papel higiénico. En esa misma sesión, improvisó la cascada voz del "Padrino" y su forma de mover las manos. Cuando Coppola proyectó la cinta a Bludhorn, sin decirle de qué actor se trataba, el magnate se quedó impresionado.

En cuanto a los candidatos para dar vida a Michael Corleone, Paramount apostaba por, entre otros, Robert Redford, Ryan O'Neal, Dustin Hoffman y Jack Nicholson. Sin embargo, Coppola no cedió: si no lo hacía Al Pacino, él se largaría. Eso sí, tuvo que aceptar que James Caan interpretara el papel de Sonny, personaje para el que había realizado el casting y la prueba de cámara Robert De Niro, actor que encarnó al joven Don Vito en "El Padrino II", papel por el que se llevó el "Oscar". Al final, salió ganando.

Desde la publicación de la novela, los principales enemigos de "El Padrino" no fueron sólo los ejecutivos de Paramount, sino también los propios mafiosos. El capo Joe Colombo, a través de su organización-tapadera Liga Italoamericana, presionó públicamente para que la película no se rodase. Entre bambalinas, la cosa fue a más: todos los implicados en la producción sufrieron amenazas telefónicas y se amenazó con boicotear el rodaje de forma "persuasiva". La insistencia de Coppola en localizar los exteriores en "Little Italy" no puso las cosas más fáciles, hasta que una reunión arregló todo: podría rodarse siempre que en sus diálogos no se dijese la palabra "mafia".

El actor de la película más cercano a la cosa nostra fue Al Martino, "crooner" de Las Vegas que interpretó a Johnny Fontaine. El cantante, que no había actuado en su vida, trató de persuadir a Coppola gastándose unos 78.000 euros en convidarle a un fin de semana loco en Las Vegas. Cuando vio que la cosa no resultaba, acudió a su auténtico padrino, el jefe mafioso Russ Rufalino, para que presionara a los productores. Su personaje estaba claramente inspirado en Frank Sinatra, y éste, consciente de ello, tomó medidas legales para detener el rodaje, aunque no lo logró.

Mientras los productores lidiaban con la mafia y Coppola con un rodaje que se adivinaba infernal, Brando se convirtió en el corazón de la película. Pese a su fama de difícil, el actor tomó bajo su ala a sus compañeros más jóvenes, aconsejándoles, cuidándoles y bromeando con ellos. No sólo a ellos. Encontró a un gato deambulando por el estudio de Paramount, se encariñó con él y se lo llevó al plató. Se convirtió en el famoso gato del filme. Cuentan que los ronroneos del felino fueron tan intensos que obligaron a Coppola a doblar algunas frases de la escena.

Otra de las escenas más famosas también la protagonizó un animal. O parte de él. Escena para la que Coppola adquirió una cabeza de caballo en una fábrica de comida para perros, para después convencer al actor John Marley de que utilizaría una cabeza de atrezo. El gesto de horror de Marley cuando vio un auténtico pedazo de cadáver equino a los pies de su cama quedó muy bien en la pantalla.

Fiel al espíritu de la película, pese a todo, Coppola colocó a varios de sus familiares en algunas escenas: su hermana Talia Shire, sus hijos Gian Carlo y Roman, su madre y su padre, Carmine (el gángster que toca el piano durante el montaje de las masacres de Sonny), además de su hija Sofía, el bebé al que bautizan mientras los esbirros de los Corleone masacran a los jefes de las "cinco familias".

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