25 de noviembre de 2016
FICX | Festival Internacional de Cine de Xixón

El jugador de rugby que se convirtió en actor

El polinesio Toki Pilioko protagoniza el filme "Mercenarie", que pasó por Cannes y presentó ayer junto a su director Sacha Wolff

25.11.2016 | 09:08
Toki Pilioko, a la izquierda de la foto, ayer en Gijón, junto al director de "Mercenaire", Sacha Wolff.

Da no sé qué ver a este veinteañero con músculos hasta en las pestañas pasear con su escotada camiseta, bajo la lluvia asturiana, en uno de los días más fríos de noviembre. Será por su corpachón: más de ciento veinte kilos de peso embutidos en su metro y ochenta y tres centímetros de estatura. Toki Pilioko llegó a Europa desde una de las islas polinesias próximas a Nueva Caledonia -una de esas ínsulas con gobierno francés compartido- para jugar al rugby. Es un profesional entrenado para batirse el cobre en un deporte duro que, al igual que el boxeo, ofrece una amplia galería de "juguetes rotos". Pero se encontró con el director Sacha Wolff y acabó convirtiéndose en el contudente protagonista de "Mercenaire", película que se estrenó en la pasada edición del festival de Cannes, en la Quincena de los realizadores, y compite ahora en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX).

"Me eligieron para el papel tras presentarme al casting; de momento me dedico a jugar al rugby, que es lo que me interesa, pero estoy abierto a seguir actuando", aseguró ayer Toki Pilioko. Habló junto a Sacha Wolff (otro tipo corpulento) poco después del primer pase de "Mercenaire" en el certamen. El deporte ha inspirado en algunas de sus manifestaciones numerosas películas célebres, canónicas. El rugby está, por ejemplo, en "Invictus", de Clint Eastwood, pero es un juego con muchos menos metros de celuloide que el boxeo o el fútbol, por ejemplo.

"Al principio utilicé un enfoque documental y, aunque conozco el rugby, le dediqué cuatro años a obtener información; después olvidé todo eso y opté por una línea más clásica", explicó. Sacha Woolf definió su "opera prima" como un "cruce de películas de samuráis y del oeste". "Mercenaire" cuenta cómo Soane Tokelau deja Nueva Caledonia para jugar al rugby en Francia, un horizonte vital y personal deseable. Y también cómo queda a la deriva, jugando en un ínfimo cuadro de provincias, después de ser rechazado por el equipo que quería ficharlo. Explotación, racismo y el juego sucio de un deporte que tiene mucha más popularidad en Francia que en España. Pero el filme relata también un viaje iniciático, de ida y vuelta. Muestra un tránsito a la edad adulta.

"Creo que es una película muy orgánica, en la que el trabajo de Toki es muy grande", dijo el realizador. "Hay un cambio físico en el personaje de Soane que refleja esa transformación interior; la violencia no le abandona y se moldea a la vez que su cuerpo", añadió. Una metamorfosis corporal y espiritual que, sin embargo, se grabó en muy poco tiempo de apretado rodaje en Nueva Caledonia. "He querido contar un rito de paso, personas que se ven obligadas a abandonar su lugar y llevan una especie de identidad invisible pese a que son franceses a todos los efectos", añadió el director de "Mercenaire".

"He vivido una situación semejante; la gente se gira en la calle y me pregunta si juego a rugby; venimos de las islas, pero somos tan franceses como el que más", completó, por su lado, Toki Pilioko. Y aún más: "Tratamos de preservar nuestra cultura; curiosamente en mi isla (Wallis) tenemos un rey pese a que pertenecemos a la República Francesa". ¿Y cómo se planteó el reto de su primer papel en el cine? "Creo que entendí lo que Sacha quería de mí; me resulta mucho más fácil comunicarme sin recurrir a las palabras que utilizar grandes textos y parlamentos", confesó el jugador y actor.

Sacha Wolff incorpora a "Mercenaire" una danza ritual haka, en realidad un baile que se utiliza tanto para la guerra como signo de hospitalidad. Recurren a él los jugadores de rugby de origen maorí. "Es muy intenso y Toki llegó a quedar afónico; representa el lazo afectivo con su padre", explicó Sacha Wolff, para quien el cine es "movimiento".

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