29 de noviembre de 2016

Las fieras llegan a Madrid

Una gran exposición recoge las obras de los más importantes pintores fauvistas

29.11.2016 | 03:52
11- Raoul Dufy, "Jeanne dans les fleurs", 1907.

En los primeros años del siglo XX dos grandes salones de París dictaban los cánones del arte contemporáneo europeo: el de los Independientes, fundado en 1884, y el Salón de Otoño, creado en 1903. En este último, en octubre de 1905, una exposición de Henri Matisse, André Derain, Maurice de Vlaeminck, Georges Rouault y Albert Marquet revolucionó el clasicismo que imponían hasta entonces ambos salones, presentando una serie de obras que impresionaron por la violencia de sus colores. Una escultura figurativa de Marquet, de corte neoclásico, establecía un fuerte contraste con los cuadros, ante lo que un crítico francés, Louis Vauxcelles, exclamó: "¡Donatello en medio de las fieras!". Este calificativo, el de fieras (fauves), iba a servir para bautizar a los autores de aquella exposición, aireada como un escándalo por la crítica más conservadora, que no ahorró ningún epíteto insultante hacia el grupo, a cuyos miembros trató como peligrosos revolucionarios. Hoy, una muestra de aquellos maestros "salvajes" puede contemplarse en la Fundación Mapfre de Madrid hasta el 29 de enero.

El presidente de la República, Emile Loubet, rehusó inaugurar el salón para no comprometerse ante las posturas más conservadoras de la élite cultural francesa. Aunque se definían como anticlericales, inconformistas y antimilitaristas, y algunos habían colaborado con grupos anarquistas e ilustrado sus revistas ("La Revue Blanche"), los pintores fauvistas estaban políticamente muy lejos del carácter revolucionario que se les atribuía. Su pintura estaba pensada más bien para la burguesía. Y, curiosamente, el fauvismo, en palabras del propio Matisse, no quería perturbar sino sosegar. A más de un siglo de distancia se puede afirmar que los fauvistas franceses, junto a sus contemporáneos expresionistas alemanes de Die Brücke (El Puente), protagonizaron el primer intento de ruptura y renovación del arte del XIX, apoyados por los últimos rebeldes de aquel siglo, los neoimpresionistas y los postimpresionistas, y sobre todo los nabis. Van Gogh, Cézanne, Gauguin y Turner estaban entre las influencias más directas de los fauvistas. El cuadro "Une dimanche à la grande Jatte", de Seurat, también fue fundamental. Y una influencia asimismo decisiva fue la de Moreau.

El color es el protagonista principal en la construcción del espacio y de la forma en la pintura fauvista (el color, decían, no tiene por qué imitar la realidad: Matisse pintó ya en 1898 un desnudo de hombre completamente azul). Vía de liberación emocional, método para encontrar la funcionalidad compositiva, lenguaje con leyes propias, el color fue el fundamento de la obra de estos artistas. La concepción colorista de Delacroix, Cézanne, Chevreul y Signac fue la misma que siguieron los principales fauvistas, encabezados por Matisse. En el fauvismo el dibujo se diluye en una danza de colores fluidos generados por la luz (Derain definía sus cuadros como bombas de luz). El color y la luz fueron los motivos principales para que los fauvistas eligieran el Mediterráneo como espacio predilecto, sobre todo Saint-Tropez y las poblaciones de Collioure, L'Estaque y la Ciotat. La atmósfera de la Costa Azul fue fundamental para su concepción de la luz y la intensidad colorista de su obra. Matisse ya había estudiado las gamas de color de los tapices orientales y de los paisajes del norte de África. En su evolución los fauvistas pasaron de la pincelada suelta y la técnica mixta a una pintura plana con claras influencias nabis en lo decorativo. El fauvismo puso de relieve hechos tan importantes como la estructura autónoma del cuadro como realidad, y dejó abierto el camino para nuevas experiencias más rupturistas, que dieron en el cubismo.

Un grupo de amigos

Pese a su importancia, no puede considerarse al fauvismo como un movimiento artístico ni como una escuela, sino como un grupo de amigos que se expresaban de un modo similar e intentaban usar en sus cuadros el color en toda su pureza. Cada pintor acometía su obra como una experiencia personal. Matisse, Derain y Vlaminck son los que manifestaron estos principios de un modo más radical. A ellos se unieron desde un primer momento Dufy, Friesz, y Van Dongen, y más tarde Braque.

La presencia de los fauvistas en el mundo del arte duró muy poco: entre 1907 y 1908 comenzó la disolución del grupo, provocada por el distanciamiento entre Matisse y Derain, pero sobre todo por la aparición del cubismo, un nuevo movimiento iniciado entre otros por Braque, al que se sumaron muy pronto Derain y Duffy. Según E.H. Gombrich, mientras los fauves habían sacrificado el truco del modelado al placer del color, los cubistas tomaron el camino opuesto: renunciaron a ese placer y se pusieron a jugar al escondite con el truco tradicional del modelo formal.

Nada mejor para entender el fauvismo y para recrearse en sus obras como esta exposición que llega a la Fundación Mapfre de Madrid para completar un ciclo en el que ya estuvieron los impresionistas y otras corrientes que los precedieron. Ahora se pueden ver más de cien pinturas y algunas piezas de cerámica de prácticamente todos los artistas que integraron el fauvismo.

La exposición está organizada en cinco secciones en torno a la evolución cronológica de los artistas, aunque la escasa duración del fenómeno fauvista no permita hacer grandes distinciones. El recorrido se inicia con las primeras obras de los artistas, las de sus años de formación, cuando Matisse, Rouault, Marquet y Camoin eran alumnos de Gustave Moreau en París. Los retratos que se hacían mutuamente los miembros del grupo ocupan otra de las secciones de la exposición, retratos con los que reforzaban sus vínculos de amistad y sus afinidades artísticas.

La exposición se cierra con los caminos divergentes que los fauves iniciaron una vez cerrado su ciclo creativo. Algunos dirigieron su mirada hacia el testimonio social y de denuncia con imágenes del París la nuit y sus protagonistas: prostitutas, personajes circenses de marcado carácter expresionista. Otros abandonaron el color para centrarse en las nuevas formas señaladas por Cézanne y Picasso, mientras Braque, Derain y Duffy abrazaban el cubismo.

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