Las luces navideñas dispararon la contaminación del aire en las ciudades

Dormir con las persianas totalmente bajadas impide un despertar progresivo y saludable - Apagar por la noche el alumbrado público sería como retirar 50.000 coches de las calles de Madrid - La falta de calidad del sueño incrementa el riesgo de sufrir cánceres como el de mama y próstata

04.01.2017 | 03:45
Las luces navideñas dispararon la contaminación del aire en las ciudades

La excesiva y poco eficiente iluminación navideña provoca la acumulación en el aire de dióxido de nitrógeno, uno de los principales contaminantes de la atmósfera que han motivado los drásticos cortes de tráfico en Madrid durante las pasadas fiestas navideñas. Apagar por la noche el alumbrado público y ornamental sería tan útil en una ciudad como la capital como retirar 50.000 coches de sus calles, asegura Alejandro Sánchez de Miguel, astrofísico formado en la Universidad Complutense, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía y colaborador del "Atlas mundial del brillo artificial del cielo" que dirige el italiano Fabio Falchi. Reivindicador incansable de los beneficios de todo tipo de la oscuridad de la noche, Sánchez de Miguel advierte que el exceso de iluminación favorece un sueño de mala calidad, causante de cánceres vinculados a desarreglos hormonales como los de mama y próstata.

"Si no hubiese tanta luz artificial por la noche, las partículas de dióxido de nitrógeno se diluirían más fácilmente. La luz solar mantiene en suspensión en la atmósfera este dañino compuesto químico que emiten, sobre todo, los coches. Si además de ese exceso de luz nocturna no hay viento, las perjudiciales partículas se van acumulando hasta producir niveles de contaminación que afectan a la salud de los ciudadanos", argumenta el astrofísico.

La reacción química de limpieza del dióxido de nitrógeno se produce de forma natural en espacios poco iluminados por la noche. "Lo que hemos visto estos días en Madrid es que a la contaminación de los coches se suma la del día anterior porque no se han diluido esas partículas debido a la luz artificial de la noche", insiste Sánchez de Miguel, quien calcula que el tres por ciento de las motas de dióxido de carbono que flotan en el aire no son nuevas sino una acumulación de las emitidas durante la jornada previa, lo que equivale a las emisiones de más de 50.000 coches.

La correlación entre la contaminación del aire y la lumínica ya se ha probado en un experimento realizado en Los Ángeles, una de las ciudades más iluminadas del mundo. En Europa, las urbes más afectadas por el exceso de luz nocturna son Madrid, Barcelona, Valencia, Atenas y Roma.

Ese derroche de iluminación no sólo afecta a la atmósfera sino que también se cuela en nuestros hogares, causando trastornos del sueño, perjudiciales para nuestra salud. La intensidad lumínica en nuestro país es tan agresiva que casi todos los españoles se han acostumbrado a dormir con las persianas bajadas, algo que desaconseja el investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Lo ideal, recomienda, es abrir los ojos con la luz natural que entra por las ventanas para evitar un despertar brusco. "La luz natural estimula poco a poco la secreción de cortisol, la hormona responsable de nuestro despertar, y emite a la vez un mensaje al cerebro para que vaya reduciendo la producción de melatonina, la hormona de inducción al sueño. De esta forma se consigue un despertar más progresivo y saludable para afrontar el día despejado y con más vitalidad", explica.

De hecho, ya existen despertadores que simulan el amanecer en el dormitorio para no alterar nuestro reloj biológico fijado de forma natural por el denominado ritmo circadiano que dura aproximadamente un día y emplea la luz diurna para sincronizar a las personas con su medio ambiente. Además de la luz del amanecer, las últimas versiones de estos despertadores sustituyen el brusco sonido de los relojes tradicionales por silbidos de pájaros para ayudar a espabilarse de forma más sana y natural.

"Lo estamos haciendo todo mal", lamenta Sánchez de Miguel, que ve con perplejidad cómo nos pasamos los días encerrados en oficinas poco iluminadas y derrochamos cantidades ingentes de luz por las noches cuando llegamos a casa. "Así es imposible que se sincronicen nuestros biorritmos", advierte, antes de apuntar que estos hábitos tan poco saludables incrementan el riesgo de sufrir cánceres de tipo hormonal como el de mama o el de próstata. "No es que la luz esté relacionada con estos tumores, pero sí lo está la falta de calidad en el sueño", concluye.

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