09 de junio de 2017
09.06.2017

¿Cuál es el origen del nombre de las provincias de España?

Con el tiempo, las distintas culturas que habitaron el país fueron transformando los topónimos

11.06.2017 | 08:52
Descubre el origen del nombre de las provincias españolas.

La división administrativa del Reino de España en provincias data de 1833, año en que el entonces secretario de Estado de Fomento, Javier de Burgos, ideó una división del mapa español en 49 territorios a los que denominó provincias. Su objetivo principal era reforzar la centralización del Estado y agilizar la burocracia en ámbitos como el político, el judicial o el aristocrático.

El modelo provincial de De Burgos logró prevalecer en el tiempo y convertirse en la base del que aún tenemos hoy en día, aunque fue sometido a cambios concretos que, entre otros resultados, concluyeron con el incremento del número de provincias a las 52 actuales, con la división de la provincia de Canarias en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, y la incorporación de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

De acuerdo con lo que se publicó en el Real Decreto de 1833 que aprobó esta división administrativa, las nuevas provincias "tomarán el nombre de sus capitales respectivas, excepto las de Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, que conservarán sus actuales denominaciones". Asimismo, las dos provincias insulares de por entonces, Baleares y Canarias, también mantendrían su toponimia.

Con posterioridad, las Cortes Generales fueron aprobando por ley los cambios de nombre de tres de estas regiones: la provincia de Logroño pasó a ser La Rioja, la de Santander se renombró como Cantabria y la de Oviedo, como Asturias. Otras modificaciones más recientes, relacionadas con las lenguas oficiales de las autonomías, transformaron los nombres oficiales de varias de estas provincias: Ourense, A Coruña, Araba/Álava, Bizkaia, Gipuzkoa, Girona, Lleida e Illes Balears. Por el contrario, se estableció la cooficialidad de los nombre de Valencia y València, Alicante y Alacant, Castellón y Castelló, y Navarra y Nafarroa.

La toponimia de las 52 provincias españolas


Albacete: El nombre procede de la forma árabe Al-Basit, que se traduce como 'el llano' y que se refiere a la llanura en la que se encuentra la capital.

Alicante: La capital comenzó siendo un asentamiento íbero-romano llamado Lucentum, que podría proceder del nombre griego Akra Leuké ('fortaleza blanca'). El topónimo evolucionó a Al-Laqant durante su etapa árabe.

Almería: Su capital tomó su nombre de una atalaya que vigilaba la zona marítima de Bayyana, durante la época musulmana. Esta estructura era llamada Al-mariyat Bayyana, y posteriormente se construyó la ciudad a su alrededor.

Araba/Álava: Según el investigador Patxi Salaberri, tanto la forma en castellano como en euskera tienen sus raíces en el nombre Alaba, de origen celtibérico. No obstante, no está claro el significado de este étimo, que se asocia a conceptos geográficos como una llanura, un río o un monte.

Asturias: El origen del nombre de este territorio surge del término celta stour, que se traduce como 'río'. Así, el río Esla era conocido como Astura, y en sus orillas residía el pueblo prerromano de los astures.

Ávila: Se tiene constancia documentada de la existencia de inscripciones que hacían referencia a una ciudad llamada Avila o Avela, pero las raíces de este término no son precisas. Entre las hipótesis barajadas, se encuentran orígenes púnicos, vascuences o germánicos.

Badajoz: El actual nombre de su capital procede de su antigua denominación medieval de Mu'assassat Batalyaws, cuyo significado se desconoce, pero se estima que es una adaptación árabe de un topónimo de origen no musulmán.

Barcelona: No hay fuentes precisas que confirmen cómo la colonia romana de Barcino recibió ese nombre. Por un lado, se piensa que tiene un origen mitológico griego relacionado con el héroe Hércules, quien supuestamente habría perdido una de sus nueve embarcaciones tras una tormenta y encontraría los restos de esa Barca Nona en lo que terminó siendo la ubicación de la ciudad. Por otro, se relaciona, aunque sin confirmación, con la estirpe cartaginesa Barca.

Bizkaia: Solo está consolidada la teoría de que este topónimo se originó del euskera. A partir de ahí, se barajan hipótesis como que proceda de la voz bizkai o bizkar, que tendría un significado referido a un 'lugar elevado'. Otros posibles orígenes estudiados también tienen que ver con las características físicas de esta región, ya que se refieren a su condición de zona accidentada.

Burgos: La figura '-burgo' aparece en varios y repartidos topónimos europeos, como Luxemburgo, Estrasburgo, Hamburgo, Wolfsburgo o Edimburgo. Sin embargo, el significado de este término, de origen germánico, no se acaba de aclarar, con la forma burg ('castillo') y berg ('montaña') como las más consolidadas. No obstante, también hay documentación que sostiene que 'burgos' significa pequeñas poblaciones de casas esparcidas.

Cáceres: Con varias hipótesis sobre la mesa, el nombre de la ciudad podría tener raíces romanas, como evolución del nombre de la colonia Norba Caesarina o del campamento Castra Caecilia, pero tampoco se descarta que tenga raíces árabes.

Cádiz: El nombre de la capital procede del nombre Gádir que recibió cuando fue fundada por los fenicios. Significa 'castillo', 'fortaleza' o 'recinto murado'. Los romanos la rebautizaron como Gades.

Cantabria: Aunque no se ha confirmado plenamente, la teoría más extendida es que signifique 'pueblo que habita en las peñas', ya que incluye la raíz celta cant-, que se traduce como 'roca' o 'piedra'.

Castellón: La ciudad de Castellón de la Plana tomó su nombre de la antigua urbe íbera de Castalias.

Ceuta: Los siete montes de la región motivaron a los romanos a bautizarla como Septem Frates ('siete hermanos'). La primera palabra de este topónimo evolucionaría durante la etapa árabe a Sebta, del que surgiría el nombre de la ciudad autónoma.

Ciudad Real: Inicialmente llamado Pozo Seco de Don Gil, la ciudad fue rebautizada como Villa Real por Alfonso X en 1255. Dos siglos después, en 1421, el Rey Juan II de Castilla cambió su rango de 'Villa' a 'Ciudad', después de que esta respondiese con cientos de soldados a la llamada de socorro del monarca, secuestrado por el infante Don Enrique en el castillo de Montalbán.

Córdoba: Fue fundada como Corduba por el patricio y general romano Claudio Marcelo tras varias décadas de convivencia entre romanos y turdetanos. De estatuto desconocido, se sabe que Corduba integró colonos itálicos con indígenas selectos. Las fuentes escritas hacen alusión desde al menos el 146 a.C. a una urbe bajo influencia de Roma llamada Corduba. Con anterioridad, existía un asentamiento prerromano de orígenes estimados en el tercer milenio antes de Cristo, que llegó a ser un centro económico importante de la zona hasta que perdió peso con la llegada de los romanos.

A Coruña: El nombre de la ciudad nació en 1208 para sustituir al de Faro, que a su vez había reemplazado al antiguo de Brigantium. La institucionalización medieval del nombre fue un acto administrativo del rey Alfonso IX coincidente con la concesión a los habitantes de Faro de una carta foral, al igual que sucedió en otras villas gallegas y leonesas. El nombre, registrado en latín como Crunia en 1208, tiene un origen literario y se piensa que ha sido tomado de un topónimo que aparece en la Historia Turpini, el libro IV del Códice Calixtino.

Cuenca: El nombre de la ciudad procede del dado por los árabes a un castillo fundado en el siglo IX, Al-Madina Cunca. La denominación de esta fortaleza tiene como origen el término latino concha, en alusión al valle profundo montañoso en el que se ubica la capital.

Girona: Los romanos fundaron la ciudad de Gerunda en el siglo I a.C., en pleno contexto de las Guerras Sertorianas, como un puesto elevado que se encontraba cerca de la Vía Heráclea, que de esa forma era mejor controlada. No se conoce un significado concreto del nombre de Gerunda.

Granada: Las raíces toponímicas de la capital se encuentran en la ciudad zirí de Medina Garnata. El significado de este término está en discusiones, entre el Gar-anat árabe ('colina de peregrinos') y el granatum latino ('granado').

Guadalajara: Aunque la ciudad se llamaba Madinat al-Faray durante su periodo árabe, obtuvo su nombre de Wad al-Hayarah, como se denominaba al río Henares, traducido como 'río de piedras' por su escaso caudal. No obstante, se apunta que Wad al-Hayarah también podría significar 'valle de los castillos de piedra'.

Gipuzkoa: Hay constancia de documentos del año 1025 por el que se denomina Ipuscua a la que hoy es la provincia más pequeña de España, aunque el significado de este nombre no se confirma, entre teorías que apuntan a que significa 'lo del Norte' o 'lo del borde'.

Huelva: La denominación de la ciudad procede del asentamiento fenicio y tartesso de Onuba. Su nombre podría estar relacionado con la expresión fenicia Onos Baal ('Fuerza de Baal', un dios asirio adorado en la zona), pero también hay teorías que apuntan a una posible influencia del sufijo fenicio -uba ('agua') o el término hebreo Hu-Nuba ('la habitación'). Durante el dominio musulmán cambió su nombre a Welba.

Huesca: La primera referencia al nombre de la ciudad fue el término Bolskan, acuñado en varias monedas íberas localizadas en la zona. El nombre evolucionó al Osca romano, el Waska árabe, de nuevo Osca tras la Reconquista y el nombre aragonés Uesca. No constan referencias al significado de Bolskan.

Illes Balears: El archipiélago recibió su nombre de la voz púnica 'Ba' lé yaroh', que se traduce como 'los maestros del lanzamiento de piedras' y que se refiere al antiguo ejército de honderos de las islas, que gozó de especial reputación entre los griegos.

Jaén: Las dos principales hipótesis que se barajan relativas al origen del nombre de la capital son la palabra latina Gaiena ('villa de Gaius'), que habría evolucionado al árabe Yaiyan o el término hebreo Dayan ('juez'), que podría haber terminado en Yayyan.

León: Su nombre tiene como origen la palabra legio ('legión'), en referencia a una legión romana relacionada con esta ciudad, la Legio VII Gemina. Esta pudo haberse creado allí o asentarse definitivamente tras la conquista romana.

Lleida: La ciudad tiene su origen en la íbera Iltirta, la romana Ilerda, la musulmana Larida y la medieval Leyda. Las hipótesis existentes sobre la raíz de este nombre apuntan a que podría significar 'ciudad del lobo', como era el caso de otras poblaciones íberas.

Lugo: El origen de la ciudad es el campamento romano de Lucus Augusti, que podría ser traducida como 'el bosque sagrado de Augusto', aunque también hay teorías que apuntan a que el origen del nombre esté relacionado con una divinidad celta llamada Lugus.

Madrid: El nombre de la capital de España procede del árabe Magrit, que evolucionaría a Magerit en el castellano antiguo. Sobre el significado de este topónimo, la hipótesis más extendida es que Magrit está relacionado con el término magra ('cauce de un río'), al que se añadió el sufijo romance -it, que significa 'en abundancia'.

Málaga: En el siglo VIII, los fenicios fundaron y dieron el nombre Malaka a la ciudad, que posteriormente evolucionó a la Malaca romana y la Maliqa árabe, hasta la forma que empleamos hoy en día. Existen distintas teorías sobre el significado de Malaka, entre los que se apuntan 'sal', 'factoría' o 'reinar'.

Melilla: Llamada Rusadir por los fenicios, Melilla no tiene un origen claro de su nombre. Los árabes comenzaron a llamarla Mliliat, un término que se piensa que procede de una transformación del vocablo Tamlilt, que en la lengua bereber tamazight significa 'la blanca'.

Murcia: Entre las hipótesis planteadas sobre el origen del nombre de la capital están el término árabe mursah ('fortaleza'), la divinidad latina Venus Murcia, que se deriva del verbo mulcere ('tocar'), la palabra latina myrtia ('lugar lleno de mirtos', una especie vegetal) o la forma hebrea Morsayas ('Dios, el orfebre').

Navarra: Se piensa que el nombre de la Comunidad Foral procede de Nabarra, forma del vasco medieval que significa 'la gran llanura próxima a las montañas'.

Ourense: El origen podría estar en la voz romana Auriense ('ciudad del oro'), en referencia a la gran concentración de este metal que arrastraba en la antigüedad el río Miño. No obstante, este término era un adjetivo, así que se piensa que el nombre de la localidad al que acompañaba se perdió con el tiempo. Otras teorías apuntan a una relación con la presencia de aguas termales: la germana warmse ('lago caliente') o la latina aquae urente ('aguas abrasadoras').

Palencia: La ciudad fue fundada por el pueblo romano de los vacceos como Pallantia, un término que se traduce como 'campos del río', aunque también se indica que podría significar 'cerro amesetado'.

Las Palmas: El nombre de esta provincia fue extraído del de su capital, Las Palmas de Gran Canaria. La ciudad fue fundada en 1478 como un campamento militar llamado El Real de Las Palmas, en referencia al palmeral contiguo al barranco de Guiniguada.

Pontevedra: El origen del nombre de su capital está en el término latino pontem veteram ('puente viejo'), en referencia a la estructura construida por los romanos para salvar el río Lérez y la ría de Pontevedra.

La Rioja: La falta de fuentes documentales ha reducido la unanimidad sobre el nombre de esta Comunidad Autónoma y provincia. Un origen que se baraja es su relación con el río Oja, sumando la voz latina rivum ('río') a la hojas y vegetación que arrastraban sus aguas. También hay teorías que apuntan a unas raíces vascas en este topónimo, con formas originarias como erriogia ('tierra del pan'), errioxa ('país frío') o arrioxa ('mucha piedra').

Salamanca: Se desconoce el significado preciso del nombre original de la capital, identificada como Salmantica en su etapa celtibérica del siglo IV a.C. Se plantea la teoría de que pueda haber sido llamada Helmantika por los griegos o Hermandica por los romanos, así como que fuese fundada como Salamatica por el Rey Teucro de Salamia, en homenaje a su reino.

Santa Cruz de Tenerife: El nombre de la provincia y su capital se divide en dos partes. El topónimo Tenerife, con el que también se conoce a la isla, tiene distintas interpretaciones, de las que la más extendida es que significaría 'monte blanco': tener ('monte') e ife ('blanco'). La denominación de 'Santa Cruz' fue impuesta en 1494 por el conquistador Alonso Fernández de Lugo, que bautizó así a la ciudad guanche de Añazo debido a que esta fue tomada el 3 de mayo.

Segovia: Pocas o casi ninguna pista existen sobre el significado del nombre de una ciudad que nació en la época celtibérica. Se piensa que su nombre tiene como raíz la palabra celta seghos, que significa 'victoria'.

Sevilla: El nombre de la capital andaluza tiene su origen en Spal, palabra tartessa que significa 'tierra llana'. Evolucionó a Hispalis en la época romana, para posteriormente pasar a Ishbiliya durante el periodo musulmán, denominación que evolucionaría al topónimo actual.

Soria: No hay uniformidad en los posibles orígenes del nombre de la ciudad. Entre las hipótesis planteadas se encuentra que el topónimo proceda de Doria, nombre de un castillo propiedad de un capitán griego llamado Dórico. La raíz de la denominación de la capital tiene como base, según otras teorías, el nombre oriental Sara o con el término Oria, con el que supuestamente se conocía al antiguo castillo de la ciudad; el hallazgo de una piedra antigua con una letra 'S' grabada o el hecho de que la ciudad estuviese construida bajo la fortaleza, Sooria, son dos de las hipótesis de la supuesta evolución de Oria.

Tarragona: La fuerzas del general romano Escipión fundaron Tarraco en el 218 a.C., en lo que se supone que era la antigua ciudad íbera de Cissis, aunque esto último no está confirmado. Otras hipótesis apuntan a que los orígenes podrían estar en el nombre cartaginés Aterako ('la del puerto').

Teruel: El nombre de la ciudad y provincia aragonesas podría derivar de una región íbera de la zona llamada Turboleta, que evolucionaría al árabe Tirwal. Otra hipótesis apunta a que el nombre procedería de la fusión de dos términos en aragonés, tor ('toro') y uel ('estrella'); el escudo de la ciudad incluye ambos elementos.

Toledo: Se origina del nombre romano Toletum, que significa 'lugar en alto'. Posteriormente, el nombre evolucionaría al árabe Tulaitula.

Valencia: Valentia Edenatorum ('valor en tierra de los edetanos', un pueblo íbero) es el primer nombre dado por los romanos a la ciudad, buscando destacar virtudes militares de sus legiones. Los árabes mantuvieron el nombre de Balansia al reino, mientras la ciudad cambió su denominación a Madinat al-Turab ('ciudad del polvo').

Valladolid: Entre las principales hipótesis, el nombre de la capital castellanoleonesa podría derivar del árabe Balad al-Walid ('Puebla de Walid', en referencia al califa omeya Walid I), o de Vallis Tolitum, un término latino-celta que significa 'valle de aguas'.

Zamora: Es una de las toponimias más desconocidas de España. Se sabe que la ciudad se llamaba Semure durante el periodo visigodo, pero se desconocen los orígenes o significado del topónimo. Las numerosísimas hipótesis que se barajan incluyen una relación con nombres de localidades africanas como Zemmora (Argelia), un significado de Semure como 'viejo muro' o un vínculo con una ciudad francesa llamada Semur.

Zaragoza: Sobre una ciudad íbera llamada Salduie, veteranos soldados romanos fundaron en el 24 a.C. una colonia llamada Caesar Augusta, en homenaje al emperador César Augusto. El topónimo evolucionó a Medina Albaida Sarakosta, traducido como 'ciudad blanca de Sarakosta', por la cantidad de yeso presente en sus edificios.

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