29 de agosto de 2017
29.08.2017

"Sigfrido" toma forma en el Campoamor

Músicos y cantantes completan un ensayo en el que se puede contemplar ya el despliegue escénico diseñado por Carlos Wagner para la obra que inaugura la temporada de ópera

29.08.2017 | 03:19
Un momento del ensayo de ayer en el teatro ovetense, con músicos y cantantes en el escenario, y sobre ellos las proyecciones diseñadas por Carlos Wagner.

La obra de arte total toma forma en el Teatro Campoamor. "Sigfrido", la magna composición de Richard Wagner que el próximo 6 de septiembre inaugura la Temporada de Ópera de Oviedo, entra en las fechas decisivas de su preparación. En la tarde de ayer la orquesta al completo y la mayor parte de los cantantes que pondrán la pieza en escena completaron un ensayo en el que ya se pudieron ver varias de las claves de la representación.

La situación de la orquesta sobre el escenario -que había sido adelantada por el director musical de "Sigfrido", Guillermo García Calvo- ofrecía un panorama singular sobre las tablas del teatro ovetense, dejando una estrecha franja para que los cantantes pudiesen desplazarse por el escenario. Pero esta solución aporta otros valores a la representación. El primero, la poderosa presencia de la formación musical que forman los intérpretes de la Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA) y de Oviedo Filarmonía, con un ejército de instrumentistas mayor que el que habría permitido el foso del teatro. Además, la solución escénica ideada por Carlos Wagner logra integrar a la propia orquesta con el escenario, en sugerente mixtura.

El director de escena ha situado a los músicos entre dos pantallas -la del fondo y una segunda, traslúcida, que separa el lugar reservado a los instrumentistas del proscenio en el que se mueven los actores- en las cuales se proyectan imágenes de gran carga simbólica. Palabras, naipes, lugares desolados, una canastilla arrastrada por un río o una tormenta se suceden en esa doble pantalla, con una proyección coordinada que ilustra los sentimientos de los personajes, su estado de ánimo o, en ocasiones, profundizan en la atmósfera del momento.

La doble pantalla aporta además una estética singular a la representación, ya que los paisajes y objetos proyectados cobran una inquietante tridimensionalidad. Más que integrar el cine en la ópera, el diseño de Carlos Wagner recrea el espíritu de las fantasmagorías, en una solución que entronca perfectamente con las pretensiones de Richard Wagner por convertir sus óperas en una "Gesamtkunstwerk": la obra de arte total.

El de ayer, en todo caso, es apenas un primer esbozo de lo que se podrá ver en el Campoamor el próximo 6 de septiembre. Aún restan largas horas de ensayos, la llegada de algunos intérpretes y la incorporación del vestuario, pero "Sigfrido" ya está tomando forma. Y promete.

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