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Fútbol Primera División

Carrusel de emociones en los bares asturianos

El partido vació las calles y tiñó de rojiblanco terrazas y locales

09.05.2016 | 11:31

Dicen que la vida es un carrusel de emociones. Y bien lo saben los seguidores sportinguistas, que ayer se congregaron en bares de toda la región para animar desde la lejanía y sufrir con su club de los amores. Pasaron del "caballito" de la tensión inicial, al de la euforia con el gol de Sergio Álvarez; y, tras caerse en un golpe de desilusión con el tanto de Stefan Scepovic, terminaron resoplando en un último aliento de esperanza. Todavía hay vida. Y si algo tiene la afición rojiblanca es fe.

Sin embargo, las calles de Gijón parecían ajenas a todo movimiento de emociones. Completamente desiertas durante los noventa minutos que duró la batalla de Getafe, el silencio reinaba. Ni coches, ni viandantes. Era una ciudad fantasma.

El panorama cambiaba drásticamente al cruzar el umbral de entrada a un bar. Dentro se palpaba la tensión, el frenético latido de miles de seguidores rojiblancos. A falta de pantalla gigante en la calle -que llegó a demandar al Ayuntamiento, sin éxito, la hinchada gijonesa en los días previos al partido de Getafe- los bares se llenaron. Visto lo visto, seguramente hubiese congregado a miles de sportinguistas el Consistorio gijonés de haber accedido a la petición popular expresada a través de redes sociales.

No importaba que el partido fuese retransmitido en abierto, por Teledeporte. En muchos rincones de Asturias, miles de sportinguistas se enfundaron la casaca rojiblanca, se enroscaron su bufanda y portaron sus banderas para acercarse a los bares. Era hora de mostrar su militancia. En Gijón, de manera desmedida. Pero también sucedió en Avilés, Langreo o Mieres. El Sporting, más necesitado que nunca de aliento, llamó a filas, y sus hordas acudieron. De todas las edades, desde los más pequeños hasta los más longevos. Desde los que han visto más años del Sporting en Segunda que en Primera, hasta los que rozaron con la punta de los dedos un campeonato de liga.

Pese al masivo desplazamiento a tierras getafenses, se quedaron muchos en la región y exhibieron igualmente su condición de sportinguistas y la generosa dosis de sufrimiento que ésta lleva aparejada. Uno de los epicentros fueron los aledaños de El Molinón, tremendamente animados ante el acierto que ha supuesto habilitar locales de hostelería en sus bajos.

Ni la cerveza, ni los gin tonics, ni los cubalibres aplacaban los nervios. Algún valiente echaba leña al fuego y se atrevía a consumir una cocacola. Cafeína para el cuerpo en unos minutos propicios para infartar.

Porque sufrieron los corazones rojiblancos desde el minuto 1, con el dominio getafense y sus guajes algo atenazados por la presión. "¡Qué envidia!", comentaban algunos cuando las cámaras enfocaban a la intrépida Mareona soportando la lluvia en las gradas del Coliseum Alfonso Pérez. Sarna con gusto no pica e, incluso, puede llegar a provocar envidia.

El Getafe coleccionaba ocasiones. Los sportinguistas, en hermandad tensa en los bares, se echaban las manos a la cabeza. Algunos, pegados al transistor, informaban a sus correligionarios de los bailes de goles en los otros partidos por la permanencia. Marcaba la Real Sociedad al Rayo y los nervios se aplacaban, aunque sólo lo justo. Pero llegaban otras noticias desde Sevilla. El Granada se adelantaba. De nuevo resoplidos. El optimismo y el pesimismo se disparaban y se desmoronaban en un caos emocional.

Empezaba la segunda parte en Getafe. Cero a cero. Y a los cinco minutos, se desata la locura. En las terrazas, junto a El Molinón, saltos, euforia y cerveza por los aires. Sergio Álvarez lo había hecho. Pero, luego, la expulsión a Nacho Cases arrancó algunos improperios hacia el árbitro. Unos pocos la veían justa. Pero a todos se les disparaban las pulsaciones. Ahora con diez. Y había salido Scepovic. Había quien se atrevía a vaticinar en alto lo que otros pensaban por dentro. "Nos la va a liar éste, ya verás", comentaban. A las cabezas sportinguistas, diseminadas por toda la región, se les venía esa teoría de que los jugadores que se enfrentan a sus exequipos siempre marcan.

Y llegó el gol de Scepovic. Los instantes de después es mejor borrarlos de la memoria colectiva rojiblanca. Aguanta el equipo. Final del partido. "¡Musho Betis!", ya gritaban algunos pensando en la jornada final. Es el último aliento de esperanza.

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Clasificación 2ª división - 1 col

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