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Churruca prepara el terreno

El delantero vasco, con cuyo traspaso el Sporting adquirió Mareo, debutó con el primer equipo en 1968 con victoria y un gol frente a Osasuna

25.05.2016 | 04:09
Equipo inicial del Sporting en el partido frente a Osasuna, de Segunda División, el 21 de enero de 1968. Arriba, por la izquierda, García Cuervo, Granero, Alonso, Uribe, Eraña y Puente; agachados, Churruca, Alberto, Solabarrieta, Pocholo y Amengual.

Ocho años antes de que su traspaso al Athletic permitiese a la directiva del Sporting comprar los terrenos donde se construiría la escuela de Mareo, Churruca se mataba a correr para cumplir su sueño de ser futbolista profesional. No pudo ser cerca de su casa, en Zarauz, así que cuando Galarraga le dio la oportunidad de debutar con el primer equipo aquel 21 de enero de 1968 lo dejó todo sobre el césped de El Molinón. Acababa de cumplir 19 años y ya nadie le movió del equipo titular. Vivió momentos buenos, como el ascenso a Primera de la temporada 1969-70, pero ninguno tan intenso como el de aquel Sporting-Osasuna, que cerró con un gol, el tercero y definitivo.

José Ignacio Churruca Sistiaga (San Sebastián, 28-1-1949) empezó a llamar la atención en los juveniles del Zarauz. Le cortejaron el Sanse, filial de la Real, el Eibar, el Athletic, el Castellón e incluso realizó una prueba con el juvenil del Madrid. "Era un culo inquieto y muchas veces no me convencieron las condiciones que me ofrecieron", señala antes de explicar su aterrizaje en Gijón: "Fue por mediación de un amigo de Galarraga. Vine a probar durante una semana de agosto de 1967. Me trataron muy bien y el Sporting pagó 50.000 pesetas al Zarauz".

En septiembre, Churruca y otros siete integrantes de la plantilla se marcharon cedidos al Ensidesa, de Tercera División, un auténtico trampolín en aquella época para las promesas sportinguistas. A Churruca le bastaron cuatro meses para ganarse el ascenso: "En enero me recuperaron. Galarraga me conocía bien y confiaba en los jóvenes, como Lavandera o Herrero II. Ya sabía que si me reclamaba era para jugar. Empecé a entrenar con el primer equipo la semana que cumplía 19 años. Siempre había soñado con debutar como profesional".

Mediada la temporada, el Sporting marchaba clasificado cerca de los puestos de cabeza de uno de los dos grupos en que entonces estaba dividida la Segunda División. La visita de Osasuna, que penaba por la zona baja de la tabla, era una oportunidad de acercarse a los dos primeros, el Deportivo y el Valladolid. "Sabía que era mi gran oportunidad para ganarme el puesto", destaca Churruca.

Galarraga ya le fue poniendo en situación durante la semana, así que el domingo no se llevó ninguna sorpresa cuando oyó su nombre en el once inicial: García Cuervo; Granero, Alonso, Uribe; Eraña, Puente; Churruca, Alberto, Solabarrieta, Pocholo y Amengual. Un crío en un equipo plagado de veteranos, por los que siempre se sintió arropado, algunos incluso compañeros en la pensión donde vivió en sus primeros años. En aquella época sin concentraciones, los jugadores convocados se juntaba apenas unas horas antes del partido: "Comíamos en el restaurante Mirador y para el campo".

Recuerda que en ese tiempo de espera le consumieron los nervios, pero en cuanto empezó el partido se centró en lo que podía aportar al equipo: "Jugar no jugaría mucho, pero corrí como un descosido. Era mi debut como profesional y sabía que tenía que ganarme el puesto. Se notaba la diferencia de ritmo con los partidos de Tercera División. Acabé reventado". Pero contento porque completó su gran día con un gol, el tercero en la victoria frente a Osasuna: "Fue por la banda izquierda. Me la pasó Puente al borde del área, le pegué fuerte y entró". La celebración, discreta: "Salté un poquito, nada más".

Churruca acabó ese partido por la zona en la que se hizo un nombre, pero inicialmente su puesto fue el de extremo derecho: "No lo extrañé porque en juveniles ya había jugado en la derecha. Incluso antes de debutar con el Sporting, en el Ensidesa, jugué dos partidos de delantero centro porque estaba lesionado el titular, Colunga".

A partir de esa tarde de enero, Iñaki Churruca pasó a convertirse en un fijo del equipo que dos años después iba a conseguir el ascenso a Primera División: "Fue una temporada sensacional, de jugar muy a gusto. Metimos muchos goles fuera de casa y subimos a falta de tres partidos". Primero con Solabarrieta y después con Quini, ya desde la banda izquierda, Churruca se convirtió en un asistente de lujo de un equipo que aguantó seis temporadas entre los mejores. La última, 1975-76, coincidió con el impulso de un ambicioso proyecto de la directiva presidida por Ángel Viejo Feliú, que compró los terrenos de Mareo con el traspaso de Churruca al Athletic.

"Hubiera seguido en Segunda, pero la operación fue buena para todos", destaca el interesado. "Mejoraba económicamente, me identificaba con la filosofía del Athletic y me ilusionaba jugar con Iríbar, que era vecino mío". Se marchó de Gijón cargado de buenos recuerdos y agradecido a los asturianos, "gente muy abierta que siempre me trató bien". Así fue incluso cuando volvió a El Molinón con el Athletic y el Hércules: "Siempre me sentí un poco como un niño mimado por la afición".

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Clasificación 2ª división - 1 col

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