10 de noviembre de 2016

La mala serie de resultados condiciona el juego de los rojiblancos

10.11.2016 | 03:58

No hubo más noticias de los rojiblancos hasta el tramo final del primer tiempo. El dominio fue casi absoluto de los vitorianos, que lograron adelantarse en uno de sus primeros remates y tuvieron varias acciones más de peligro. En casi todas, tuvo mucho que ver Espinoza un futbolista al que cuesta ubicar en un equipo de teóricos suplentes. Mariño abortó primero un zurdazo del extremo junto a la cepa del poste y más tarde un intento de vaselina tras una mala cesión de Lora con el pecho.

El Sporting despertó a la media hora. Tras una buena combinación, Carmona entró en el área con decisión y pareció derribado por Pantic, el árbitro se dio mus y la jugada quedó en nada. Esta acción espoleó a los rojiblancos, que poco después tuvieron una triple oportunidad. La más clara fue un mano a mano de Carlos Castro con Ortolá que el delantero no acertó a resolver. Al segundo intento, la defensa bloqueó a Víctor Rodríguez. El balón acabó cayendo a Burgui, que amagó y chutó con la derecha, pero se topó con una buena parada del portero catalán.

Al descanso, Abelardo introdujo a Rachid y a Borja Viguera y el dibujo cambió a un formato más clásico (4-4-2), que no se tradujo en una mejoría de las prestaciones. A la primera de cambio, Pantic filtró un envió desde la línea defensiva hasta a la espalda de Lora por donde irrumpió Espinoza al galope. Su remate se estrelló en el pecho de Mariño. El extremo cargó también por el otro flanco y allí encontró el premio. Ganó una disputa a Lillo y batió a Mariño con un remate por bajo para cerrar el marcador.

El carrusel de cambios acabó de dejar frío al Sporting, que apenas se asomó a los dominios de Ortolá en todo el segundo tiempo. El Alavés levantó el pie del pedal, pero tuvo alguna oportunidad más por la propia inercia de sus futbolistas.

Abelardo tiene una dura batalla por delante. Lo más urgente es la cabeza. El Sporting es ahora mismo un equipo encogido que juega limitado por sus malos resultados. La mejor terapia sería una buena victoria que les ayudara a soltar lastre, pero no es fácil lograrla en estas condiciones. La recuperación psicológica es el gran caballo de batalla. La presencia en Gijón estos días del coach Richi Serres parece una señal. Toda ayuda es poca.

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