Quince de los detenidos por la «Pirrichi» admiten que vendían heroína en Asturias

09.04.2008 | 02:00
Acusados y familiares, al inicio del juicio, ayer, en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial.
Acusados y familiares, al inicio del juicio, ayer, en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial.

Quince de los veintinueve acusados de integrar la mayor red de tráfico de heroína de Asturias admitieron su culpa ante la evidencia de las pruebas presentadas en la primera sesión de juicio por el fiscal especial antidroga de Asturias, José Perals. La vista comenzó ayer en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial y se prolongará durante las próximas cuatro semanas, si se cumple el calendario previsto. Aún faltan por declarar once de los acusados (ayer lo hicieron 18), que lo harán entre hoy y mañana.
José Perals pide condenas entre tres años y medio y doce de prisión (en total suman 173), además de multas millonarias. Ocho de los acusados responderán, además del tráfico de drogas, de un delito de blanqueo de capitales, ya que el fiscal mantiene que adquirían pisos y vehículos con las ganancias de la heroína, poniendo los bienes a nombre de terceros que conocían la procedencia ilegal del dinero. En total, el grupo de estupefacientes del Cuerpo Nacional de Policía se incautó de droga por valor de 301.379 euros, en la denominada «operación Pirrichi».
La vista se celebró en la sala destinada normalmente a los juicios con jurado, ya que el elevadísimo número de acusados impidió desarrollarla en otro lugar. Además de los procesados, la habitación se abarrotó de familiares, lo que hizo que muchas personas tuvieran que seguir la vista de pie. La presencia de multitud de medios de comunicación provocó más de una escena de tensión en los pasillos.
Perals remonta a abril de 2004 los negocios de la red, integrada por un complicado entramado de distribuidores a distintas escalas que vendían la droga en la zona central de Asturias, principalmente Langreo. La mayoría de los acusados son familia.
La Policía practicó las primeras detenciones aproximadamente un año después, el 14 de marzo de 2005, en la estación de autobuses de Oviedo. Días antes habían tenido conocimiento de que dos de los acusados habían viajado a Madrid para comprarle heroína a uno de los principales distribuidores de heroína del grupo. Así, el 14 de marzo arrestaron a los dos acusados cuando éstos descendían de un Alsa procedente de la capital y recogían su equipaje. Dentro del mismo los agentes encontraron cuatro paquetes de medio kilo de heroína cada uno, que fueron valorados en 159.522 euros.
A partir de ahí, de investigaciones, «pinchazos» telefónicos y seguimientos, cayó el resto de la presunta red. En total, se realizaron quince registros en domicilios de Oviedo, Gijón, Langreo, León y La Coruña, con más de cincuenta millones de las antiguas pesetas aprehendidos en cocaína y heroína. Además se decomisaron joyas, dinero, armas (cuatro de los acusados lo están también por tenencia ilícita de armas) y sustancias para «cortar» droga, entre ellas medio kilo de ácido bórico.
Según Perals, durante uno de los registros, la Policía pidió a uno de los acusados que se identificara. Iba en un coche. Lejos de hacerlo, explica el fiscal, arrancó el vehículo, obligando al agente a separarse para evitar que lo atropellara. A continuación, se abalanzó con el coche sobre otros dos policías, que lograron saltar a un lado de la vía y salir ilesos, siempre según la acusación.
Los acusados no se privaban de nada. Además de coches, dos de ellos compraron un chalé en León, valorado en 197.894 euros, que pusieron a nombre de un matrimonio conocido que, supuestamente, sabía de los «negocios turbios» de la pareja. Allí, los procesados construyeron una piscina por 23.400 euros y colocaron electrodomésticos del más alto nivel. Además, en un piso en León, también adquirido, al parecer, con dinero de la droga y valorado en 216.824 euros, instalaron un gimnasio y hasta un aparato de rayos UVA.
De los 18 acusados que declararon ayer, los únicos que no reconocieron las acusaciones del fiscal fueron el matrimonio formado por Teresa M. M. y Gregorio S. G., y Joana P. F, esta última juzgada por blanqueo de capitales. La pareja vivía en un piso en la calle Jovellanos de Oviedo y regentaba un centro de yoga. Gregorio S. negó que traficara con droga, aunque sí admitió que «en ocasiones» le facilitaba heroína a su esposa, toxicómana. En total, dijo, consumían aproximadamente un gramo al día (50 euros). El fiscal pide siete años de prisión para él y cuatro para ella. En cuanto a Joana P., Perals la acusa de haber adquirido una casa en Lada (Langreo) y un Seat León con dinero procedente del narcotráfico. Pide para ella tres años y medio de cárcel.

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