Perlleces (Cangas de Onís),
Begoña DÍAZ
Un hombre de 56 años falleció ayer en la localidad de Perlleces, en Cangas de Onís, al explotar diez docenas de voladores que se almacenaban bajo el hórreo en el que se encontraba afilando una guadaña. El cuerpo de la víctima, cuya identidad responde a las iniciales M. P. P., tuvo que ser rescatado por los bomberos entre los escombros del hórreo, que quedó totalmente destruido.
Al parecer, los cohetes se guardaban en una bodega de hormigón situada bajo el hórreo para ser usados en las fiestas del pueblo cangués, que se celebrarán la próxima semana. Según algunos vecinos, la explosión, que ocurrió poco antes de las diez y media de la mañana de ayer, se produjo cuando el hombre se encontraba solo en el hórreo y afilaba una guadaña con una herramienta eléctrica. Una de las chispas, según las mismas fuentes, pudo haber originado la explosión, que se percibió a unos diez kilómetros de distancia y generó una gran humareda.
Al recibir el aviso, el Centro de Emergencias del 112 Asturias movilizó varias dotaciones de bomberos con base en los parques de Cangas de Onís y Piloña, que al llegar al lugar comprobaron que no había más personas afectadas y acordonaron la zona. A continuación, excarcelaron el cadáver, que había quedado atrapado por una viga del hórreo. En el lugar también se personaron el equipo médico de la UVI móvil de Arriondas, que certificó la muerte del fallecido, así como agentes de la Guardia Civil y los Tedax, debido al material pirotécnico que se almacenaba en el lugar del siniestro.
Perlleces, un pequeño pueblo de aproximadamente treinta vecinos situado entre Soto de Cangas y Corao, sufrió ayer un duro golpe, difícil de asimilar. Visiblemente conmocionados, los vecinos de esta localidad canguesa no salían de su asombro. Nadie podía creer lo sucedido. «Yo estaba en la cocina de mi casa cuando pasó. Sonó como una bomba», describía una de las vecinas. La onda expansiva de la explosión ocasionó leves daños en las viviendas próximas, incluida la del fallecido, que está situada a un metro escaso del hórreo y que sufrió la rotura de puertas y cristales. Incluso un amigo del fallecido aseguraba haber sentido un temblor «inmenso» mientras estaba trabajando en su huerta, que se encuentra bastante alejada de la zona de la explosión. «Casi me levanta del suelo», aseguró.
El fallecido era conocido en el pueblo por el apelativo de «Tudela» y, como no cesaba de repetir uno de sus familiares -todos visiblemente muy afectados por lo ocurrido y aún sorprendidos por la noticia-, «era muy bueno».