Oviedo / Londres,
P. G. / Agencias
Dos británicos han sido condenados a lo largo de los últimos días por practicar una usura extrema. Robert Reynolds y John Kiely consiguieron acumular una considerable fortuna gracias a realizar préstamos con intereses desorbitados, que alcanzan hasta el 2.437 por ciento de interés, aprovechándose de la penosa situación de sus clientes y de la crisis económica.
El caso más llamativo es del Reynolds, que aunque condenado por actividad crediticia ilegal, no tiene que cumplir pena de cárcel. Y eso que sólo por prestar 500 euros llegó a cobrar 100.000 euros en siete años. En las navidades del año 2000 la familia Wilson llamó a su puerta interesada en un ordenador de segunda mano que vendía el propio Reynolds. Por él pedía poco más de 400 euros. Pero los Wilson no lo tenían. Reynolds les dijo que tenía un amigo que podía prestarles 500 euros y los incautos Wilson aceptaron. El trato les obligaba a pagar 292 euros al mes de recibir el préstamo. Una cifra inasumible para ellos que tuvieron que pedir un segundo préstamo, esta vez de 2.340 euros, con intereses de hasta 468 al mes. Para poder pagar este segundo crédito tuvieron que dejar de pagar recibos como los de la luz o el del gas. Para hacer frente a estos gastos básicos tuvieron que recurrir de nuevo al prestamista.
La espiral de deudas y préstamos abusivos prosiguió, y los Wilson tuvieron que rehipotecar su casa. La situación se complicó aún más cuando la madre sufrió dos isquemias cerebrales. La familia seguía acumulando deudas, que llegaron a alcanzar más de 95.000 euros. En este momento tenían que pagar hasta mensualidades de casi 2.400 euros para evitar que la deuda siguiera creciendo. El juez condenó a Reynolds, pero el usurero se libró de la cárcel.
El que no ha podido librarse de una temporada en prisión es John Kiely. Este usurero del área metropolitana de Manchester regentaba un «negocio» totalmente profesionalizado, con archivos informáticos y gorilas que realizaban puntualmente los cobros.
Un ejemplo de lo rentable que era el negocio de Kiely es Donna Ockerby, a la que en enero de 2007 le prestó 350 euros por lo que tuvo que pagar unos intereses del 2.437 por ciento. Para recordarle que había que ser puntual en los pagos, los cobradores de Kiely llegaron a zarandear a la mujer y a destrozar una de las ventanas de su casa con un bloque de hormigón en plena noche.
Kiely ha sido condenado a cinco años de cárcel. Cuando salga podrá disfrutar, por ejemplo, del caserío almenado en el condado de Derby por el que el pagó meses atrás poco menos de un millón de euros en efectivo. Reynolds, su colega de oficio, recibe ayuda de la beneficencia por culpa de una artritis, que no le impide conducir un Jaguar y luciendo alguno de los modelos de marca que guarda en su armario.