Madrid, Agencias
Un fallo de los pilotos al no realizar una comprobación exhaustiva de la configuración del vuelo fue lo que provocó el desastre del avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas, una tragedia de la que se cumple un año y que costó la vida a 154 personas. De haber seguido los protocolos de comprobación, los pilotos quizá se hubiesen dado cuenta de que no habían desplegado los flaps y slats de las alas del avión, los dispositivos que ayudan al aparato a obtener el impulso para ganar altura. Frente a este fallo palidece el error los mecánicos de mantenimiento de aquel vuelo, que también lo hubo. Se trata del funcionamiento defectuoso de los avisadores del aparato, que de estar en condiciones habrían avisado a los pilotos de que algo iba mal. Esto es al menos lo que revela un informe «interino» de la comisión de investigación, que ha causado una honda consternación en el mundo de la aviación española, hasta el punto de ser calificado por lo pilotos de «decepcionante y amargo».
El avión despegó con los flaps replegados, y falló el sistema encargado de advertir a la tripulación. El informe considera que en la operación de despegue se «rebasaron» tres barreras de seguridad: la lista de comprobación para configurar el avión, las listas de comprobación para confirmar y verificar la configuración y el sistema de advertencia de configuración, que no advirtió de la configuración errónea.
La Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) señala en su análisis que esa configuración era «inapropiada para esa fase de vuelo» y que «lo más probable es que esos dispositivos no fueran extendidos por la tripulación para el despegue».
El análisis considera que los pilotos usaron los procedimientos, «pero por factores como pudieron ser la interrupción que supuso la vuelta al estacionamiento de la aeronave, la presión por el retraso sobre el horario programado o deficiencias en los métodos empleados en cabina» no se cumplieron estrictamente, lo que eliminó «la protección de seguridad» que los procedimientos proporcionan.
Las grabaciones del registrador de voz en cabina (CVR) revelan además que se omitió el paso de selección y comprobación de luces, de flaps/slats, tras poner en marcha los motores. No obstante se puede escuchar en la CVR al copiloto realizar la última comprobación antes del despegue, aunque el informe de la comisión considera que «la comprobación de los final items no significó una comprobación real».
Asimismo, los datos de la investigación indican también que el sistema encargado de advertir a la tripulación de la configuración inadecuada para el despegue, conocido como TOWS, no funcionó. A juicio de la comisión, la comprobación del sistema previa al vuelo podría haber detectado el posible fallo, o al menos hubiera aumentado las posibilidades de detectarlo, e indica que Spanair no estipulaba que la comprobación del sistema debía hacerse siempre antes de cada vuelo.
Tras el accidente, tanto el fabricante del avión, McDonnell Douglas (Boeing), como Spanair han revisado sus procedimientos. Ahora, la compañía requiere la verificación previa a todos los vuelos.
El Sindicato de Pilotos (SEPLA) se quejó amargamente de que el informe cargue contra unos pilotos «presionados» para realizar el vuelo y que no fueron avisados por el dispositivo que debía informarles de que algo iba mal.