Las Palmas, Marcos
ÁLVAREZ MORICE
<Patricia Morillo>
«No se sabe del dolor de perder a una hija hasta que le ocurre a uno», explica Rafael Morillo, padre de Patricia, joven de 27 años que retornaba de Madrid, donde había pasado diez días con su pareja y donde tenía planeado ir a vivir y a estudiar. Aunque ha pasado un año y muestra claros intentos de aparentar fortaleza y serenidad, Rafael Morillo no puede evitar emocionarse y que sus lágrimas le impidan hablar. «Todos los días la recuerdo. La echo mucho de menos y la sigo llamando para recordarle que tenemos asuntos pendientes. Miro el mar y siento que está cerca», afirma el progenitor, que agrega que «ella tenía la virtud de pretender ser la mejor. No le gustaba la mediocridad». Javier Morillo, hermano de 27 años, asegura que «la vida se hace muy complicada sin ella».