Las Palmas, Lili QUINTANA
<Claudio Ojeda>
Es un hombre vencido, decepcionado, con la secuela del sufrimiento marcado en su rostro, con los ojos enrojecidos. Y, sobre todo, con la rabia interior de que ha pasado un año desde el último adiós a Claudio Ojeda Pérez, y que las palabras y las promesas se las hayan llevado el viento. «Se nos prometieron muchas ayudas, pero ha quedado en agua de borrajas», dice Carlos Miguel Ojeda, hermano del misionero Claudio Ojeda, de la compañía de San Vicente Paúl. La familia del padre sólo espera justicia y no quiere palabras ni mentiras que reabran las heridas.