Oviedo, L. Á. VEGA
Una ovetense de 55 años, M. P. H. F., creyó encontrar el método perfecto para comprarse unos electrodomésticos y no pagar un sólo euro. No sólo extendió un cheque contra una cuenta en la que no había fondos, sino que falsificó la firma de su marido, de la que estaba separada, con el fin de que las posibles acciones judiciales se dirigiesen contra él y no contra ella. La sección tercera de la Audiencia Provincial acaba de condenarla a cuatro años y medio de cárcel y al pago de una multa de 3.600 euros.
Los hechos se produjeron a mediados de 2004, cuando la pareja estaba separada, aunque no legalmente. M. P. H. F., que tiene antecedentes por delitos similares, abrió el 8 de junio de ese año una cuenta con 10 euros a nombre de ella y su marido, en una sucursal bancaria ovetense. Al abrir la cuenta presentó una firma que supuestamente pertenecía a su marido.
Unos días después, siempre según la sentencia dictada por la Audiencia Provincial, se fue a una tienda de electrodomésticos de la ciudad y compró una larga lista de aparatos: una televisión, un sistema de sonido, un DVD, una tabla barbacoa, un microondas y un deshumidificador. En total, las compras ascendieron a 1.427 euros. Para pagarlo, entregó un cheque firmado supuestamente por su marido. Para mayor confianza de los encargados de la tienda, mostró el carné de identidad de su esposo.
Unos días después, la tienda trató de cobrar el cheque, pero se encontró con que en la cuenta sólo había 10 euros. Entonces emprendió acciones contra el marido, que era el que figuraba como firmante del cheque.
Desenredar la madeja por parte del Cuerpo Nacional de Policía llevó su tiempo, pero finalmente se descubrió la verdad. El marido realizó un cuerpo de escritura, que demostró que la firma había sido falsificada. También se demostró que la firma que figuraba en los documentos de apertura de la cuenta era falsa. Los investigadores centraron sus esfuerzos en la mujer, que demostró una gran habilidad en sus esfuerzos para zafarse de la Justicia. Primero hubo grandes dificultades para localizarla y entregarle las citaciones judiciales.
En el juicio, celebrado el pasado 15 de junio en Oviedo, intentó por todos los medios mostrarse como una mujer en todo dependiente de su marido, incapaz de dar un paso sin su consentimiento. La añagaza no tuvo resultado. La sentencia reza que «la acusada reconoce los hechos para manifestar con total desfachatez que lo hizo con el consentimiento de su marido».
Las sentencia rebaja ligeramente las peticiones de condena del fiscal y la acusación particular, de seis años y seis años y medio, respectivamente.
Recurso
La sentencia, comunicada semana pasada a las partes, puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo. El abogado de la acusada, Francisco José Carrera, estudia la presentación de un recurso. Con la pena impuesta a la mujer, ésta tendría que ingresar necesariamente en prisión, dado que supera el límite de dos años de condena que le evitaría entrar en la cárcel y cuenta además con antecedentes.