Madrid, Agencias
Nuevo crimen protagonizado por un enfermo mental. Esta vez fue en Madrid, donde un hombre de 47 años que sufre una patología psiquiátrica asesinó ayer a puñaladas a sus padres, Jorge P. B. de 83 años, y Sheila P. B., de 77. Los hechos se produjeron en una vivienda de la calle Fermín Caballero, en el distrito madrileño de Fuencarral, poco antes de las diez de la mañana. El presunto asesino presentaba numerosas heridas, algunas muy graves, en cuello y pecho, también por arma blanca, por lo que las primeras investigaciones apuntan a que intentó suicidarse después de matar a sus progenitores. El hombre fue trasladado por los servicios de emergencia al hospital de La Paz con pronóstico «muy grave». Allí quedó bajo custodia policial, ya que está detenido por los hechos.
Una llamada a las diez menos veinte de la mañana alertó a los servicios médicos de la Comunidad de Madrid de la presencia de un varón «muy agresivo con problemas psiquiátricos» en la calle, por lo que una radio patrulla de acercó hasta la zona. Al llegar, los agentes se encontraron una visión dantesca. El matrimonio estaba ya fallecido, en mitad de un charco de sangre, y el hijo, herido muy grave.
Las asistencias sanitarias atendieron al presunto homicida, que presentaba heridas graves en las extremidades superiores, hemitórax izquierdo y cuello, estas dos últimas muy profundas. Como consecuencia de estas heridas, el hombre perdió mucha sangre y tuvo que ser trasladado al hospital de La Paz con pronóstico «muy grave».
Los vecinos de la calle Fermín Caballero, en el distrito madrileño de Fuencarral, se mostraron muy sorprendidos después de conocer el suceso, ya que, según explicaron, el presunto homicida «era tranquilo». No obstante, alguno de sus vecinos tenía constancia de que esta persona padecía una enfermedad psiquiátrica y estaba sometida a tratamiento por ello.
Una de las personas que residen en el edificio, María del Pilar, declaró que el hombre «nunca se había mostrado violento con nadie». La vecina afirmó sentirse «alucinada con lo ocurrido», ya que era un «joven tranquilo» que «siempre saludaba» y que «era habitual verle trabajar en su coche todos los días».
Otro de los vecinos del edificio, Luis González, declaró «que los padres eran demasiado mayores para controlar su medicación» y consideró al hombre «como una persona abandonada que no contaba con los medios suficientes para seguir una terapia». Según este vecino, «el hijo ayudaba a su padre -que estaba en silla de ruedas- a salir a la calle», por lo que era muy normal verle con sus padres.