La Coruña, Agencias
Andrés Mayo Fernández, conocido como el «violador del chándal» y al que se le imputan cinco delitos de violación en grado de tentativa y otras tres violaciones consumadas, además de tres delitos de robo con violencia entre 2006 y 2007 en La Coruña, negó ayer, en la primera sesión del juicio que comenzó en la Audiencia Provincial de La Coruña, ser el autor de estos hechos y acusó a la Justicia de «mirar para otro lado» en los más de dos años que lleva en prisión. Asimismo, criticó la actuación policial en este caso.
El ministerio público y las dos acusaciones particulares piden en total penas que suman 127 años de prisión para Andrés Mayo, de 41 años y natural de Benavente (Zamora), condenado en 1991 a más de 100 años de cárcel por once agresiones sexuales en León y Asturias, aunque sólo cumplió 12 por buen comportamiento. La última de estas agresiones la cometió entonces en Oviedo, donde residía habitualmente. La defensa, por su parte, solicita la libre absolución al argumentar «falta» de pruebas que imputen a su cliente.
En el juicio, que comenzó ayer en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de La Coruña y que finalizará la próxima semana, Andrés Mayo negó en todo momento ser el autor de los delitos que se le imputan y argumentó que los días en que se produjeron -entre diciembre de 2006 y agosto de 2007- estaba en casa con su familia.
«La Justicia hasta ahora ha querido mirar para otro lado», sostuvo el procesado en su declaración, en la que atribuyó su imputación a sus antecedentes por violación. Así, afirmó estar «arrepentido» de su pasado e incluso confesó que siente «asco». También remarcó que no volvió «a delinquir» y que se casó y tuvo dos hijos, aunque en la actualidad está divorciado.
A preguntas del fiscal, sostuvo siempre que estaba en su «casa» cuando se registraron las agresiones, en su mayoría de madrugada y con similar modus operandi, ya que fueron casi todas en el portal de las víctimas, también de una edad similar, ya que se trataba de chicas jóvenes. El procesado negó salir solo de noche y argumentó que si lo hacía era con su esposa. También rechazó que lo hiciese habitualmente los viernes, en respuesta a las preguntas planteadas por las acusaciones particulares, ya que una parte de los delitos se produjeron en la madrugada del viernes al sábado.
A preguntas del fiscal sobre una de las agresiones cometidas en la noche del 30 al 31 de marzo en la zona de Adormideras, insistió de nuevo en que estuvo «en casa» y afirmó que era «imposible» que su semen correspondiera al detectado en la víctima, según constataron las pruebas médicas practicadas.
«No he cometido los delitos y he puesto todo de mi parte», insistió el procesado al negar la autoría de los hechos y asegurar que fue él quien solicitó la rueda de reconocimiento y las pruebas de ADN que se le realizaron. «Si soy culpable por qué no me detuvieron en mayo», argumentó también el acusado al referirse a la huella dactilar descubierta en el tirador de la puerta de un portal y que, según la Policía, pertenecía al acusado, que fue detenido el 9 de agosto de 2007.
En la primera sesión del juicio prestaron declaración cuatro de las ocho víctimas. Casi todas coincidieron en que identificaron «con seguridad, según sus palabras», al procesado en la rueda de reconocimiento y en las fotos que les facilitó la Policía. Además, negaron que los agentes les hubieran «inducido» para identificar a Andrés Mayo como el sospechoso, un argumento que mantuvo el acusado en su declaración, en la que llegó a calificar de «descaro total» la actuación policial.