Málaga, Agencias
El padre del bebé de dos meses y medio que falleció el pasado sábado a consecuencia de las lesiones cerebrales causadas supuestamente por el hombre, reconoció ante la Policía que había mentido cuando dijo que los golpes se los había propinado la niñera. También aseguró que había golpeado en una ocasión al niño, aunque en las nalgas. Finalmente, el presunto infanticida, de nacionalidad rusa y 23 años, aseguró a los policías del caso que el bebé se le había caído mientras lo bañaba y que se había golpeado en la cabeza.
Además, ha trascendido que la madre de los niños, una joven ucraniana de 20 años, estaba a punto de abandonar al hombre y marcharse con sus bebés, presumiblemente por los malos tratos que éste les propinaba.
En su declaración ante la Policía, el hombre reconoció que la coloración morada que tenía el menor en los muslos se debía a un golpe que la había dado en las nalgas. En cuanto a las lesiones en la cabeza, indicó que, un día antes de que llevasen al bebé al hospital, estaba bañándolo y se le resbaló. Logró cogerlo por una pierna, pero el niño se golpeó en la cabeza. No le dio mayor importancia, declaró, porque sólo le había salido un chichón.
Al día siguiente, añadió, decidieron llevarlo al hospital porque «estaba muy pálido, le costaba respirar y vomitaba todo lo que comía». Al ingresarlo, los médicos observaron que el menor podía haber sufrido malos tratos, por lo que pusieron los hechos en conocimiento de la Policía. Unas horas después de este primer ingreso, fue también llevado al hospital el hermano mellizo, también con lesiones por supuestos malos tratos.
El niño presentaba fracturas en una muñeca y en ambas piernas. Ahora se recupera satisfactoriamente y se estudia qué salida darle. Su abuela lo reclama, pero también cabe la posibilidad de que sea ingresado en un centro especial o incluso enviado a una familia.
La madre del niño fallecido aseguró que, cuando llegó de trabajar, se había encontrado con que el bebé estaba muy pálido, con los ojos vueltos y no se quejaba, cuando habitualmente solía llorar. Aunque reconoció que su pareja había golpeado en una ocasión a su hijo en las nalgas, luego pasó a defenderle y a presentarle como una buena persona que quería mucho a los niños y siempre se portaba bien con ellos.
Los dos reconocieron que había acusado a una presunta niñera para no perder la custodia de los niños, y que la mujer acomodó su declaración a la del marido para no perjudicarle. La situación de la familia era muy precaria. El padre de los niños es boxeador y desde que nacieron sólo pudo combatir en una pelea, aunque él asegura que realizó doce o trece. Durante ese tiempo vivieron de una ayuda de 2.500 euros del Gobierno.