Oviedo, L. Á. VEGA
El ministerio público solicita penas que suman 49 años de prisión para los siete miembros de una red que obligaba a prostituirse a mujeres del este de Europa y sudamericanas en condiciones sumamente precarias en el club Jardín de Eva, de Santa Marina de Piedramuelle, en el concejo de Oviedo. En concreto, los acusados aplicaban multas a las prostitutas por cuestiones tan nimias como salir a dar una vuelta por Oviedo o incluso por asomarse a las ventanas. El fiscal acusa a los siete implicados de los delitos de prostitución y contra los derechos de los trabajadores, en su modalidad de inmigración clandestina.
Según recoge el escrito de la fiscalía, los acusados se aprovechaban de la «penuria económica» de las mujeres y las obligaban a prostituirse para así sufragar la deuda que previamente habían contraído con uno de los acusados, A. G. N. Este acusado, siempre según el ministerio público, les adelantaba dinero para que se trasladasen a España.
Aparte de las penas de prisión -siete años de cárcel para cada acusado-, el fiscal pide el pago de multas por importe de 7.800 euros, y el pago solidario a cada una de las seis víctimas de una indemnización por importe de otros seis mil euros. Al juicio, que se celebrará la semana que viene en el Juzgado de lo penal número 4 de Oviedo, están convocadas otras cuatro personas, pero, aunque estaban imputadas en un principio por estos hechos, el fiscal ha decidido solicitar el sobreseimiento de la causa respecto a ellas.
Los hechos se produjeron durante los años 1999 y 2000. Los acusados, según el escrito de acusación, se dedicaban a la captación de mujeres extranjeras para obligarlas a ejercer la prostitución. Una vez en España, las sometían a condiciones laborales «inaceptables».
No sólo es que tuviesen que satisfacer una cantidad casi imposible de pagar. Además, se las gravaba con multas, de forma que «prácticamente no llegaban a percibir dinero alguno por su actividad». Las mujeres estaban sometidas a continua vigilancia y sólo después de mucho tiempo, una vez pagado todo el dinero, podían abandonar el club que había sido su cárcel durante todo ese tiempo. A las mujeres prostituidas también se les imponían multas por no trabajar y por ingerir bebidas alcohólicas.
Pagos
La banda exigía a las mujeres cantidades exorbitantes que podían ir desde los 650 dólares a los dos millones y medio de pesetas. Esto hacía que los integrantes de la trama se quedasen con la mayor parte de las ganancias de las mujeres y que les impidiesen salir del club para evitar que escapasen.
Multas
La red imponía multas a las mujeres si llegaban tarde a la residencia, daban un paseo por Oviedo o incluso si se asomaban a las ventanas.