Oviedo, L. Á. VEGA
«Llevo ocho años en el Ejército y jamás me ocurrió algo como lo del tren. He estado en el "Juan Sebastián Elcano", con 800 hombres y sólo 40 mujeres, y nadie se sobrepasó así conmigo», confesó ayer Elizabeth Rosales Santana, la joven cabo de la Armada que acusa al revisor de Feve Óscar Luis Á. F. de haberla manoseado mientras le pedía mantener relaciones sexuales.
En el juicio, celebrado en el Juzgado de lo penal número 3 de Oviedo, la joven mantuvo punto por punto el contenido de su denuncia. El 17 de junio de 2007 viajaba en el tren de Feve que hacía la línea entre Oviedo y Ferrol (La Coruña). Poco antes de llegar a Ribadeo (Lugo), Elizabeth, que se había quedado dormida, notó cómo le tocaban la pierna y le intentaban quitar la cazadora vaquera. Según declaró, se encontró al revisor sentado al lado, con la nariz pegada a su cuello y susurrando con voz queda: «Eres guapa, eres guapa. El sexo es para disfrutarlo, ven a la cabina de atrás».
Se quedó tan anonadada que no pensó siquiera en utilizar la fuerza, como perfectamente podría haber hecho dada su condición de militar. Aquel episodio la marcó de tal manera que estuvo a punto de suspender el curso que estaba realizando en ese momento en Ferrol. Luego vendría el tratamiento. «Me ha destrozado la carrera», asegura la mujer. Ayer, antes del juicio, confesó que es incapaz incluso de hacer las rondas sola, por miedo a algún ataque.
El revisor, al que se le concedió el privilegio de entrar en la sala por la puerta de acceso que corresponde a magistrados y fiscales, negó todo ánimo libidinoso. De 56 años, 40 de ellos en Feve, Óscar Luis Á. F. trató de presentar todo el asunto como un malentendido. «No abusé de ella. Pensé que le pasaba algo porque vi que se agitaba. Tenemos la obligación de atender a los pasajeros», señaló ante la juez.
Por eso se sentó en el asiento de al lado y le tomó el pulso. «Pensé que le había dado una lipotimia. Ya otra vez salvé a un pasajero alemán al que le estaba dando un ataque», aseguró. La joven tenía las manos juntas, cerca de la entrepierna, como reconoció ante el fiscal el acusado, defendido por la letrada Ana García Boto. «Le dije "guapa" sin ningún contenido sexual, es una expresión que tengo yo, que se la digo también a mi madre. Luego le pregunté: "¿Necesitas algo? ¿Te ocurre algo? ¿Estás enferma?". La única parte que le toqué fue la mano. No encuentro explicación a esta denuncia, no gritó en ningún momento», señaló.
La única testigo que compareció ayer ante el Juzgado declaró que no pudo oír lo que le estaba diciendo el hombre a la denunciante, ni tampoco vio, porque no se volvió, si la había manoseado. Fue luego cuando la joven le contó lo que el hombre le había hecho. El fiscal mantuvo para el revisor una multa de 4.800 euros y una indemnización de 1.000 para la víctima. La defensa pidió la libre absolución.