Las dos caras del homicida

Miguel Ángel Muñoz se volvió huraño y problemático tras no lograr que su mujer y su hijo fueran a vivir con él a Castrillo

14.09.2015 | 01:59

El último recuerdo que tienen en Castrillo de los Polvazares de Miguel Ángel Muñoz Blas es el de una persona problemática, huraña y de difícil trato. Pero no siempre fue así. Cuando este madrileño llegó a la Maragatería, tierra de su familia materna, mantenía una relación normal con los vecinos. Su carácter comenzó a cambiar cuando, una vez construida una cabaña en la finca en la que ha sido hallado el cadáver de la peregrina, no logró que su mujer y su hijo le acompañasen. A partir de entonces ahuyentaba a gritos a cuantos se acercaban a su parcela y comenzó a colocar tablones con clavos en el camino para provocar pinchazos en los coches. También empezó a usar pasamontañas.

Parece ser que Miguel Ángel Muñoz, de 39 años de edad, había estado durante un tiempo en una comuna de Navarra y que allí adquirió los conocimientos necesarios para construirse su cabaña en la pista forestal de las inmediaciones de Castrillo que lleva hasta Santa Catalina de Somoza.

En situación de desempleo desde hace tiempo, el presunto asesino de Denise Pikka Thiem se vio obligado a acudir a los Servicios Sociales para subsistir. Fuentes de la investigación aseguran también que perpetró pequeños robos a peregrinos que pasaban por la zona.

Muñoz Blas tenía una fijación por la ruta jacobea y ya habría molestado a otras peregrinas antes que a la norteamericana. Colocaba señales falsas para atraerlas hacia su finca, se ofrecía a servirles de guía y ponía a su disposición la cabaña para que descansaran más a gusto.

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