09 de junio de 2016
09.06.2016
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"No podía creerme que estuviera viendo un tiroteo en Mieres, fue un infierno"

Testigos de la trifulca que terminó con un atracador herido de bala por un policía describen la escena como "un horror"

09.06.2016 | 10:17
Nieves Otero, sentada en la terraza desde la que vio el tiroteo.

El cajero del supermercado Dia de la calle Aller, en Mieres, miró el reloj. Eran las ocho y cuarto, faltaban cuarenta y cinco minutos para el cierre. En la tienda, más de una decena de clientes llenaban la cesta. Justo cuando una compradora estaba a punto de llegar a la caja, sucedió. Un hombre encapuchado entró en el local y apuntó con una pistola al chaval: "Dame lo que tengas ahí", dijo. Así empezó el suceso del pasado martes en Mieres, que terminó con el atracador herido de bala tras amenazar con un arma a un agente de la Policía Nacional. Se recupera en el Hospital Central de Asturias (HUCA), bajo custodia policial. Su cómplice, que le esperaba en un coche en la calle Ramón Pérez de Ayala (a unos 200 metros del supermercado), ya está detenido. Pasarán a disposición judicial cuando culmine la investigación. Fuentes policiales confirmaron que el arma con la que amenazó a trabajadores del Dia y más tarde a los agentes era simulada. "Era imposible saber si era o no era una pistola de verdad", coinciden los testigos.

El personal de la tienda reaccionó rápido. Es un Dia franquiciado, en el que toda la plantilla forma parte de la misma familia. "Fue un susto mortal, no piensas que te pueda pasar esto", explicó una testigo. El hombre, que se llevó cerca de 2.000 euros de la caja, no estuvo mucho tiempo en el establecimiento. Sí lo suficiente para que una empleada llamara a la Policía desde las oficinas y ofreciera una descripción.

Hombre de complexión normal, moreno y vestido con ropa deportiva. Tanto él como su cómplice son de sobra conocidos en Langreo, municipio en el que residen. Tienen numerosos antecedentes penales por delitos contra la propiedad y se está investigando si los hombres, de 41 y 48 años, están involucrados en más causas abiertas. La Policía Nacional de Mieres tampoco tardó en reconocerlo, cuando una patrulla lo visualizó corriendo por la calle Lena (vía que une las calles de Aller y Pérez de Ayala).

"¡Alto, Policía!", fue el primer grito que le dio un agente. Pero él siguió corriendo, en dirección al coche en el que le esperaba su cómplice. Y ese grito, ese primer aviso, puso en alerta a Nieves Otero. Propietaria de un negocio en la zona, estaba tomando un café con sus amigas en una terraza del cruce de Pérez de Ayala con la calle Lena: "Escuché muchas veces '¡alto, Policía!' y '¡deténgase!', pero el chaval no hacía caso a nada".

El atracador subió al coche y su cómplice intentó iniciar la marcha, pero el agente se puso al lado de la ventanilla y pidió que se identificaran. La respuesta del asaltante fue empuñar su pistola (que era de fogueo, reveló la investigación) y gritar "¡te voy a matar, hijo puta!". Nieves Otero escuchó dos disparos: "Fue como estar en una película, un horror. Me parecía imposible que hubiera un tiroteo delante de nosotros, fue un infierno, aseguró ayer aún conmocionada por lo ocurrido.

A los dos disparos siguieron momentos de pánico entre los vecinos. Según fuentes policiales, sólo una bala alcanzó al atracador, en el costado. Otero se acercó más al lugar y vio que una pareja de agentes estaba atendiendo al hombre: "Le tumbaron de lado y le hablaban, estaba consciente". Otro policía redujo al cómplice, que intentó resistirse.

La sirena de la uvi móvil para atender al herido fue lo que escuchó José Antonio Corrales, hasta entonces tranquilo en casa. Se asomó a la ventana y, al ver a la multitud, él y su mujer llamaron a su hija: "Se enteró de que había un tiroteo y nos dijo que no nos moviéramos de casa", señaló el hombre, con el susto aún en el cuerpo. Corrales afirmó que "en todos los años que llevo viviendo en Mieres, prácticamente toda mi vida, no había visto nada igual". La recogida de pruebas en el lugar de los hechos se alargó hasta bien entrada la noche. Ayer, en la calle Ramón Pérez de Ayala, no quedaba ni rastro de lo sucedido.

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