18 de agosto de 2017
18.08.2017

Dolor y desconsuelo en Candás por el fallecimiento del joven Daniel Rodríguez

"Era de los mejores alumnos", recuerdan en la Universidad La familia ha optado por una despedida en la intimidad, sin acto religioso ni civil

18.08.2017 | 10:11
Los amigos de Daniel Rodríguez Prieto, ayer, a la puerta del velatorio de Candás.

Silencio. El tanatorio de Candás guarda silencio tras el fallecimiento de Daniel Rodríguez Prieto, el candasín de 22 años que jugaba a las palas en la cala de Los Curas de Perlora cuando se sintió mal y se desplomó. Nadie habla, los amigos de Daniel se dan abrazos para consolarse mutuamente. Están pasando un duro trago y algunos ni siquiera se imaginan lo ocurrido. Se escuchan sollozos, lloros y caras largas, expresiones de rabia e impotencia inundan la parte exterior del velatorio, donde están los más jóvenes. Dentro, el clima es similar. Félix Rodríguez, el padre de la víctima, da un fuerte abrazo a su otro hijo, Marcos, y con el resto de amigos de Daniel. Muchos usan gafas de sol para esconden que sus ojos encharcados.

Candás también enmudeció y sus vecinos aún no daban crédito a lo sucedido, idéntico sentimiento que reinaba ayer en la Universidad de Oviedo donde estudiaba el joven. El director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, Juan Carlos Campo, se mostraba consternado. "Era un buen alumno", indicó. El tutor de Daniel en el trabajo de fin de grado, Corsino González, no escatimó en elogios hacia el joven candasín: "Da gusto haber tenido a alumnos como Daniel, tenía muchas ganas de aprender". Su trabajo , titulado "Sistema de reconocimiento de objetos por medio de la visión por computador", le había llevado a plantearse estudiar un máster de visión por computadora en Barcelona. "Era uno de los mejores alumnos y su trabajo se centraba en buscar métodos aplicables, por ejemplo, al hogar como el hecho hallar el lugar de la mesa en el que se ubica el mando a distancia a través del ordenador", detalló su tutor. "Era un joven muy agradable, da gusto con estudiantes como él", continuó el docente en sus cariñosas palabras hacia el joven.

Los familiares han optado por una despedida en la intimidad en la que no habrá funeral. Ni religioso ni civil. El cadáver será trasladado, hoy, desde el tanatorio de Candás, a las 16.30 horas, en dirección al velatorio de Avilés, donde será incinerado.

El fallecimiento repentino causó un "profundo dolor y desgarro en Candás", señaló la alcaldesa de Carreño, Amelia Fernández, que trasladó a la familia el apoyo unánime de la Corporación. "Estamos para lo que se necesite. La villa de Candás enmudeció ante la pérdida de un joven lleno de vida y proyectos por realizar", indicó la regidora.

El dolor también llegó al deporte y más especialmente al Victoria club de fútbol, el equipo de toda la vida de Daniel. Su presidente, Manuel Alejandro Fernández, más conocido como "Capello", describió al fallecido: "Era sencillo, de pocas palabras, educado, tranquilo y estudiaba muy bien". Daniel jugó en el Victoria hasta juveniles. Era un joven de 22 años con mucha presencia física, de envergadura, que le permitía jugar como delantero y ser un fajador ante las defensas rivales. En el Victoria aún le conocían como "Breisi". Sin embargo, Daniel decidió aparcar el deporte para hincar los codos y convertirse en un estudiante modélico. Lolo Santiago, entrenador del benjamín del Victoria y responsable del Villa de Candás de fútbol sala, relató el "profundo estupor" que supuso la repentina muerte del chaval. "Es un dolor muy grande, no le conocía personalmente pero sé que él y sus amigos amaban el deporte, jugaban pachangas,...", destacó Santiago.

Y entre lamentos, sollozos y lloros, el numeroso grupo de amigos de Daniel Rodríguez Prieto apenas podía articular palabra para expresar la pena que supone la pérdida de un "hermano", más aún en un día especial, de esos jóvenes de Candás marcaban en rojo en el calendario para reunirse y pasarlo en grande en un encuentro anual en la Ciudad de Vacaciones de Perlora, junto a la playa de Carranques y Los Curas, donde Daniel Rodríguez disfrutaba, sin saberlo, de sus últimos minutos de vida.

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