La Nueva España
La columna del lector

Llamazares, el impuesto de sucesiones y los egipcios

22.10.2016 | 05:52

El señor Llamazares ha alegado una razón contundente para mantener el impuesto de sucesiones: "Ya lo tenían los egipcios". Es posible, y supongo que Keops, Kefrén y Mikerinos destinarían la recaudación a construir pirámides sobre sus tumbas; quizá debiéramos mantener la tradición en nuestros cementerios siguiendo el criterio del señor Llamazares, aunque es posible que no encontrásemos esclavos suficientes para hacerlo. Desde el papiro hasta los ordenadores y las naves especiales, señor Llamazares, la sociedad ha cambiado un poco. Usted sabe que hace cinco mil años no había en Egipto IRPF, ni IVA, ni IBI, ni impuesto de sociedades, ni ITP, ni actos jurídicos documentados, ni plusvalías, ni la legión de impuestos, tasas y precios públicos que recaudan hoy día las autonomías y los ayuntamientos en España; en vida, los egipcios se limitaban a llevar unos sacos de trigo a los almacenes del faraón. Después de Egipto, el impuesto se exigió también en Roma, así como en España desde finales del siglo XVIII, en ambos casos con carácter temporal, generalmente para sufragar gastos de guerra o para indemnizar a sus víctimas, como sucedió en nuestra Guerra de la Independencia, o para amortizar deuda pública; pero fue siempre tan contestado por los ciudadanos que fue suprimido en numerosas ocasiones, aun cuando los tipos impositivos iniciales eran irrisorios, del uno o dos por ciento para parientes colaterales. De ahí al 87,6% actual hay alguna diferencia.

Sigan ustedes con su política sobre este impuesto y verán los resultados económicos (realmente, ya los están viendo). ¿Cuántas casas caras se construyen hoy en el centro de las ciudades asturianas? Pienso que los que pueden tener dinero para comprarlas no lo hacen porque prefieren invertir en otras comunidades en las que los árboles (las necesidades inmediatas) no impiden a sus dirigentes ver el bosque (el futuro) y donde las expectativas son mucho más alentadoras que en nuestro aletargado Principado: ¡paraíso natural, disfruten del impuesto de sucesiones más elevado de Europa! Y detrás de esas imaginarias casas, además de los trabajadores empleados en su construcción estarían todos los que podrían hacerlo en las cerámicas, en las canteras, en los talleres eléctricos, de carpintería, de fontanería, en los transportes, en la venta de muebles, decoración, equipamiento, etcétera, y estaría también la Hacienda Pública cobrando los impuestos correspondientes a esa actividad. Suecia, modelo político tan admirado por muchos de ustedes, suprimió el impuesto sobre las herencias después de que su oficina de impuestos comunicase que, debido a la masiva huida del dinero, el tributo había causado al país un daño más de doscientos mil millones de euros. Piense, señor Llamazares, si eso podría estar sucediéndonos a nosotros; sería una gran responsabilidad.

Finalmente, es cierto que se recaudan los impuestos para sufragar el costo de los servicios sociales, pero también para pagarle a usted el sueldo, a usted y a sus miles de compañeros de profesión, por lo que estoy empezando a dudar si están los políticos moralmente legitimados para opinar, y decidir, en asuntos donde son a la vez juez y parte: ¿no deberían consultar con sus bases?

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