10 de noviembre de 2016
La columna del lector

Pesadilla en el Conservatorio

10.11.2016 | 03:55

Hace unos pocos días se publicó en el BOPA la relación de admitidos para el proceso de selección de profesorado con vistas, en unas pocas semanas, a publicar la relación definitiva de aspirantes seleccionados para ocupar la práctica totalidad de la plantilla del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias. De esta manera, lo que comenzó como un loable intento de la Administración asturiana de otorgar un criterio de más transparencia en la selección de profesionales se convirtió finalmente en pesadilla, o más bien en el argumento de una novela de Kafka. En la disposición de acceso aparece un baremo de méritos donde los logros artísticos suponen apenas un 10% de la calificación final, cubriéndose el otro 90% con artificios como la mera antigüedad -sin la lógica valoración de tus logros como docente-, la asistencia a cursos -un "cajón de sastre" donde se valoran al mismo nivel cursos de nuevas tecnologías como masterclases de reputados artistas-, la trayectoria en cargos directivos -como si haber sido un gestor de un centro educativo fuera equivalente a poseer unas herramientas metodológicas y procedimentales sólidas- y una retahíla de despropósitos propios de una película de los Hermanos Marx. Para acabar de rematar la faena, la Administración se sacó de la manga un filtro de acceso de un máster en, agárrense señores, cualquier titulación del panorama superior nacional. En lo que se traduce esto -ya que no existen apenas másteres en interpretación instrumental en España- es que, por ejemplo, una persona con un máster en Derecho podría optar de facto a entrar en el cuerpo de catedráticos del Conservatorio Superior de Música del Principado por delante de un profesional de cualquier instrumento que haya sido galardonado con numerosos premios artísticos, ya que en España la formación de un músico y de un profesor de Música se labra en base a recitales, certámenes y la asistencia a cursos de especialización, todo ello lógicamente tras haber conseguido su natural certificación de grado.

Ante la gravedad de la situación, llama la atención el silencio generalizado a nivel de medios de comunicación y figuras artísticas de la región, ya que esta convocatoria puede suponer el certificado de defunción de una institución centenaria como es el Conservatorio en términos de matrícula de alumnado, ya que éste presumiblemente optará por formarse en otros conservatorios superiores nacionales.

Por otro lado, el desprecio y la falta de respeto a todo el colectivo de músicos de la región por parte de la Consejería es realmente abominable, ya que además los efectos colaterales serán numerosos: decenas de interinos a la calle, funcionarios jóvenes de carrera desplazados, estudiantes asturianos que ya no van a poder optar a una plaza de profesor en la región en lustros y desmotivación del profesorado fijo, que ve que no le es reconocida una labor docente de años.

¿Todo esto son las señas de identidad de una Administración, digamos, "de izquierdas"? ¿Todo esto es la resulta de una gestión educativa y cultural basada en criterios técnicos en contraposición a criterios de burocracia? Quizá la respuesta es que probablemente la convocatoria supone un inevitable reflejo de la política asturiana, donde para cubrir determinados puestos no entiende de buenos técnicos sino más bien de afiliaciones y despachos.

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