15 de noviembre de 2016

El pájaro en el alambre

Su escaso eco como autor literario llevó al cantante a trasladar su poesía a la música

15.11.2016 | 03:42
Leonard Cohen.

El reloj del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid marcaba las nueve y media de la noche del 5 de noviembre de 2012 cuando un anciano sonriente vestido con traje oscuro apareció en escena y saludó al público mientras sonaban los primeros acordes de Dance me to the end of love.

Al concluir está primera canción, Leonard Cohen se dirigió al público: "No sé cuándo volveremos a vernos, pero lo que es seguro es que hemos venido a darlo todo esta noche". Casi cuatro horas después finalizaba el concierto con un clásico de The Drifters, Save the last dance for me, ante el pasmo de un público que, emocionado, era consciente de que acaba de asistir a un recital memorable.

Setenta y ocho años antes, en 1934, había nacido en Montreal en una familia de clase media judía. Estudió música y poesía en la Westmount High School, y comenzó a interesarse por la poesía de Federico García Lorca. En su discurso de aceptación del premio "Príncipe de Asturias" subrayó su gratitud hacia el poeta granadino: "Solamente cuando leí, aunque traducidas, las obras de Federico García Lorca, comprendí que tenía una voz".

Contó asimismo cómo en un parque de Montreal medio siglo atrás vio a un joven español tocar una guitarra flamenca y le rogó que le diera lecciones: "Volvió al día siguiente, me puso las manos en la guitarra, la colocó en mi regazo, de manera adecuada, y empecé otra vez con los seis acordes. Lo hice un poco mejor ese día. Al tercer día la cosa, de alguna, manera mejoró. Al día siguiente no vino. Yo tenía el número de la pensión en la que se hospedaba en Montreal. Llamé por teléfono para ver por qué no había venido a la cita y me dijeron que se había quitado la vida, que se había suicidado".

Años después Cohen adquirió una casa en la isla griega de Hidra y se dedicó a escribir poesía y ficción a lo largo de la década de los sesenta. Publicó la colección de poesías Flowers for Hitler (1964), las novelas The favourite game (1963) y Beautiful losers (1966) y un nuevo libro poesía, Parasites of heaven, ese mismo año.

Debido a la escasa repercusión que había tenido su producción literaria, decide trasladarse a Estados Unidos para dedicarse a la música. Escribe Suzanne, basada en el poema Suzanne takes you down, incluido en "Parasites of heaven", que, interpretada por Judy Collins, se convierte en un gran éxito, que conocerá multitud de versiones posteriores.

Firma a sus 33 años con la CBS, que publica su primer álbum, Songs of Leonard Cohen (1967), uno de sus mejores trabajos, logrando un notable éxito tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña.

Sus siguientes álbumes, Songs from a room (1969) y Songs of love and hate (1970), muestran un sonido mucho más elaborado que el de su primer trabajo. En 1970, Cohen realiza su primera gira por Estados Unidos, Canadá y Europa, actuando además en el Festival de la Isla de Wight. El álbum Live songs (1973) documenta su gira inaugural y la realizada dos años más tarde.

En 1974 publica New skin for the old ceremony. La portada es una reproducción de un grabado del siglo XVI en el que aparecen dos ángeles desnudos, ofensa que la púdica censura franquista solucionó añadiendo un ala de más a uno de los ángeles de tal forma que tapara tanta incuria.

En él se incluye otra de sus canciones emblemáticas, Chelsea Hotel #2, dedicada a Janis Joplin.

Te recuerdo bien, en el Hotel Chelsea, / tú eras famosa, tu corazón era una leyenda, / me dijiste de nuevo que preferías a hombres atractivos, / pero por mí harías una excepción.

En 1975 aparece The best of Leonard Cohen, su primer disco recopilatorio, en el que entre otros temas de su primera época aparece Bird on the wire; en las notas del álbum Leonard Cohen cuenta que "Kris Kristofferson me dijo que había robado parte de la melodía de otro compositor de Nashville. También me dijo que va a poner las dos primeras líneas en su lápida, y me herirá si no lo hace".

Como un pájaro en el alambre / como un borracho en un coro de medianoche.

De Leonard Cohen no se puede afirmar que sea un cantante prolífico. En casi cincuenta años de carrera ha publicado apenas catorce álbumes, aunque en ellos se pueden encontrar auténticas joyas que han influido en toda una generación de artistas del más variado pelaje. Incontables son las versiones que se han hecho de sus canciones, y de algunas, como Hallelujah, que inicialmente pasó desapercibida, se cuentan por decenas, desde la de Jeff Buckley, probablemente la mejor y la más conocida, hasta la de Enrique Morente y Lagartija Nick incluida en el disco Omega (1996).

Hice lo mejor posible, no fue mucho. / No podía sentir, así que intenté tocar. / Dije la verdad, no te tomé el pelo.

Y aun así todo salió mal.

Meses atrás Leonard Cohen se despedía de la que fue una de sus grandes musas, Marianne, la que había sido su pareja durante unos años en la isla griega de Hidra y después inspiró su famosa canción So long, Marianne. El mensaje que le envió al saber que estaba ingresada en fase terminal decía: "Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía (...) Sólo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino".

Hace unos días Leonard Cohen aseguraba a "The New Yorker" que "estaba preparado para morir". Poco después desmentía esta afirmación indicando irónicamente que esperaba "vivir para siempre".

El pasado 21 de octubre publica su último trabajo, You want it darker, todo en él suena a despedida. En el tema que da título al álbum no puede ser más revelador:

Hineni, hineni (Aquí estoy) / Estoy listo, mi Señor.

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