El cine social británico, frente al de otras filmografías como la española o la francesa, posee cierta tendencia a escaparse del feísmo europeo y acercarse a una idealización más propia de su congénere norteamericano. El «siempre hay una oportunidad si trabajas», asumido sin rubor en el inconsciente norteamericano y protestante, es compartido por su hermano inglés con cierto disimulo. Decimos «cierto» por el caso de Ken Loach «et alumni», pero esta barrera de pudor desaparece enteramente en el caso de contemporáneos menos proclives al sermón marxista. Sirvan de ejemplo las, por otra parte, destacables «Full monty» o «Tocando el viento».

25.04.2008 | 02:00

«Irina Palm», aún con sus manchas de semen pajillero, se podría añadir a la lista sin problemas. El arranque de la película, con la agobiante presencia de una Marianne Faithfull alienada por el mundo «respetable» para ser entronada por el mundo «clandestino», da una idea de lo minusvalorada que está la actriz inglesa.«Sex-symbol» en los sesenta, drogadicta en los setenta, anoréxica en los ochenta, resurrecta en los noventa y superviviente en el siglo XXI, la Faithfull que replica a esta mujer de clase baja atrapada en una dimensión paralela pide a gritos minutos en el cine.Porque, en suma, el notable filme de Gabarski es la Faithfull en su trabajo manual; es la Faithfull sufriendo hipocresía; es la Faithfull devastada por su hijo; es la Faithfull encontrando la bondad absoluta en los ojos de su nieto, justo en el centro de este planeta miserable.

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