la cartelera

Tras la niebla

30.05.2008 | 00:00
Thomas Jane, en la niebla.
Thomas Jane, en la niebla.

La niebla (por piedad, no confundir con el remake de la película de Carpenter) supone el regreso del tándem compuesto por el cineasta Frank Darabont y el novelista Stephen King. Juntos han colaborado en dos películas: la impecable «Cadena perpetua» y la irregular «La milla verde». Esquivando la faceta dramática de la (hiperactiva) producción de King, apuestan ahora por la adaptación de una novelita sci-fi de 1980 que cuenta cómo, mientras están comprando en un supermercado local, una serie de personajes se ven atrapados por una sangrienta niebla. La acción se divide en dos planos claramente diferenciados: el primero, la relación de los protagonistas con el (violento) exterior y, el segundo, las vivencias dentro del «megastore».


Al igual que su estructura, el filme de Darabont deja dos regustos bien distintos. El referido a las diversas escaramuzas para escapar del espacio cerrado resulta, a ratos, repetitivo y previsible. Aún valorando su oportuno gore y sus apoyos para el desarrollo de la trama (ese soldado arrepentido susurrando su culpa), da la impresión de que aquello referido a las criaturas de la inquietante niebla no es más que un McGuffin demasiado hinchado.


Lo que importa no se encuentra ahí; tras la nebulosa hallamos lo esencial del filme. Como en la imponente «La carretera» de Cormac McCarthy, aquí son un padre y su hijo los encargados de recorrer el apocalipsis. La irracionalidad ( «per se», en la figura del paleto local; «adecentada», en la figura de la profética Gay Harden) se muestra en todo su esplendor al plantearse un mundo (prehistórico) en el que no existen respuestas evidentes (es decir, infantiles) para nuestras preguntas.


Envuelto en una niebla que sólo la razón podría aclarar, el resto es incertidumbre.


Así, en el único momento que el espléndido Thomas Jane sucumbe a sus emociones, a la oscuridad de la irracionalidad, únicamente encuentra un grito apagado con el que cerrar un recomendabilísimo metraje.

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