Guiones

07.04.2008 | 00:00
Guiones
Guiones

Martín escuchó su primera película con 4 años. Verla le estaba prohibido. A principios de los años setenta, en un barrio obrero, eran pocos los privilegiados que podían presumir de tener televisor en casa. Sin embargo, él tuvo un poco de buena suerte porque los vecinos de al lado pertenecían a ese selecto club de las 365 líneas en el que se vivían historias para no dormir y los chiripitifláuticos hacían de las suyas perseguidos por los hermanos Malasombra. Y quiso esa porción de buena suerte que el salón de su casa coincidiera con la pared de su dormitorio. Y quiso también la buena suerte que doña Mercedes, la casi pudiente vecina, estuviera sorda como una tapia.


Durante un lustro, hasta que un día apareció su padre en casa cargado con un voluminoso televisor de opulentos blancos y lustrosos negros, escuchó desde su cama las voces, la música, los sonidos de muchos clásicos del séptimo arte, sin saber sus títulos ni sus actores y comprendiendo malamente sus argumentos, pero abriendo las puertas a un mundo de fantasía desbordante.


Allá donde no llegaba su vista debía llegar su imaginación, y sin pretenderlo ni mucho menos saberlo, se convirtió en guionista antes incluso de saber que existe esa profesión. Él creaba las imágenes, completaba los silencios, daba vida a lo que sólo eran relámpagos auditivos. Así, sin separarse de mi almohada, viajó con Ringo en una diligencia acosada por los apaches en busca de justicia, luchó con la mujer pirata y el capitán Blood en mares embravecidos, combatió hasta la última bala con el general Custer, siguió el rastro huraño del halcón maltés y durmió el sueño eterno, sufrió los arañazos de la fiera de mi niña y se mojó cantando bajo la lluvia en calles solitarias, huyó con rebeldes sin causa, cubrió la espaldas de Johnny Guitar y compitió contra Ben Hur en la carrera de cuadrigas y descubrió antes de que llegaran las llamas el enigma de ciudadano Kane. Gary Cooper tuvo en él al único aliado para que no estuviera solo ante el peligro y vistió a Eva para que su desnudo no fuera tan solitario y desconsolado. Venció a los vikingos comandados por un Kirk Douglas sin un ojo y participó en la operación que tenía como peligroso objetivo Birmania, entabló amistad con el atormentado hombre de las pistolas de oro y se ganó fama de pistolero duro y despiadado disfrutando de la pasión de los fuertes antes de liarse a tiros con los Dalton en el OK Corral.

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