Pantalla de papel

12.04.2008 | 00:00
Pantalla de papel
Pantalla de papel

Desde que es escritor, Martín no ha hecho otra cosa más que contar por escrito películas que le hubiera gustado leer. Las novelas y los relatos que ha publicado son, en el fondo y a veces en la forma, películas a las que sólo les falta cambiar el papel por el celuloide. Por eso, lo que más le divierte del proceso creativo es la preproducción, por llamarla de alguna manera. Es decir, cuando escribe una sinopsis de la historia que quiere contar, cuando toma notas y rellena infinidad de tarjetas con descripciones de los personajes, cuando realiza sus propios castings eligiendo a los actores que mejor encajarían en el papel, y en los que piensa después cuando visualiza las escenas, o cuando busca localizaciones que visita como si algún día fuera a rodar en ellas lo que su imaginación ha creado. Escoger música con la que envolver la atmósfera, visitar museos para decidir qué luz debe dominar el fondo de la novela, levantar una escaleta que luego deberá seguir a rajatabla para que la historia se mantenga por las vías planeadasÉ En realidad, la ejecución de una novela siempre es más aburrida que su planificación, entre otras cosas porque al final el autor está a solas con una hoja o una pantalla en blanco, y no hay actores a los que dirigir, ni problemas logísticos que resolver, ni grandes preguntas a las que contestar sin tener ni ideaÉ Tampoco hay grandes esperas que desesperan, ni cambios de última hora porque llueve cuando necesitas sol, ni hay que aguantar los divismos de estrellas malcriadas, inseguras, confusas y atiborradas hasta los topes de vanidad y egoísmo, piezas de latón a las que hay que tratar como figuras delicadas de porcelana.

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