Al pie del cañón

Luis San Narciso, el director de casting más importante de España

Nació en Mieres, en 1959. Estudió Empresariales y Arte Dramático antes de dedicarse plenamente a una profesión en la que ha descubierto o redescubierto a actores como Paz Vega, Javier Cámara, Belén Rueda, Blanca Portillo, Carmen Machi, Fernando Tejero, Candela Peña, Lola Dueñas y un interminable etcétera de talentos

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Luis San Narciso, en su despacho de Globomedia.
Luis San Narciso, en su despacho de Globomedia. 

TINO PERTIERRA Nadie diría al verlo desde fuera que ese edificio en la carretera Fuencarral-Alcobendas esconde la mayor factoría de ficción del país: Globomedia. Y nadie diría que en una de sus populosas plantas, dentro de un pequeño pero holgado despacho rodeado de mesas en permanente ebullición creativa y merodeado por caras famosas en rodaje o retirada, trabaja un hombre cuya llamada esperan todos los actores en busca de sueños. El «blackberry» de Luis San Narciso no tiene derecho a un respiro, aunque a veces «desvío llamadas a mi equipo». La palabra equipo suena en su boca a complicidad, compromiso, lealtad. No en vano lleva diez años trabajando con Tonucha Vidal y Andrés Cuenca, a los que se han sumado Eduardo García y el mierense Manuel Vidal. El despacho, pintado de verde yerba, respira escenas y escenarios. El fondo de escritorio del ordenador abre las puertas a un paisaje mierense que deja claro a dónde se van las miradas de su propietario cuando la nostalgia se esponja, y en las paredes cuelgan carteles de series de televisión, fotos de sus actores y sobre todo amigos, el cuadro de una vaca con cuernos de plátano («restos de atrezzo»), montañas de DVD en las que se acumulan miles de rostros. Miles de rastros. Es un lugar de trabajo, sí, pero también de confidencias: «Suelo escuchar a menudo la frase "necesito consultarte algo". Tengo algo de papá que sabe escuchar. Aconsejar, lo menos posible. Se desahogan y se van más tranquilos». Por los pasillos se puede ver a Patricia Conde veloz y camuflada bajo una gorra con supervisera, o a Paco León repartiendo sonrisas, o a Belén Rueda saliendo de sus clases de inglés. También se puede ver a gente de producción al borde de un ataque de nervios o a guionistas trabajando a seis manos en un guión de «Aída» proyectado en la pared. Figurantes de bocata apresurado aguardan a que los llamen para entrar en alguno de los platós donde las sombras de la realidad conviven con la luz de las mentiras. Todo lo que se rueda en este imperio de fantasías aparece en la gran pantalla que preside el despacho de San Narciso: ahora mismo se está filmando una escena con niños en el espectacular decorado laberíntico de «El internado», que una vez sólo fue un simple guión como los que aguardan su oportunidad sobre la mesa. «Sí», ríe, «desde aquí espío lo que se hace en los platós... Como aquel malvado de 007...». Sobre una estantería hay unas botellas de agua de la marca gerundense San Narciso («me las regala la gente, piensan que son de los manantiales de la familia») y en otra se puede ver una estampa de Narciso, el santo, con la que se hicieron las invitaciones para su sonado homenaje en el Festival de Málaga. Una sencilla foto muestra a una niña de sonrisa contagiosa, «es la hija etíope de Melanie Olivares, soy su padrino». El póster más grande recuerda un fracaso, la serie «El grupo», de la que está muy orgulloso: «No acertamos con el gusto de la gente. A veces estás más satisfecho de ideas que no triunfaron que de productos que se venden en todo el mundo».
Sus castings nunca son multitudinarios: «Prefiero ver bien a diez actores que mal a cuarenta y luego no recordar a nadie». De él sí se acuerdan muchos nombres famosos que le deben la primera oportunidad, o la segunda. Podría ir de fiesta en fiesta, pero «no salgo de noche, no voy a estrenos, ni a galas. No me interesa».
San Narciso recibe en la sala de proyecciones a un grupo de aprendices de actores con cara de sueños. Escuchemos: «No seáis ansiosos. Tomaos esto como un juego. Y seguid sólo si os gusta mucho. Muchísimo. Os espera un camino muy duro, pero recorrerlo es un privilegio que debéis afrontar con sensatez, trabajo y pasión. Muchísima pasión. Y sentíos importantes. No dejéis que nadie os trate mal. Los importantes sois vosotros, no yo. Vosotros. La dignidad humana está por encima de cualquier indocumentado que os quiera avasallar. Exigid buena educación. Tenéis la generosidad de darme vuestro tiempo a cambio de nada. Y sed generosos con vuestros compañeros. Es difícil encontrar trabajo en cualquier profesión. En ésta, más. La mayoría se queda en el camino. De mil, sólo cinco lo conseguirán. Pero todo el mundo tiene derecho a luchar por sus ilusiones. Yo lo intenté, hasta que me di cuenta de que no me gustaba actuar. Y no hay que competir. No os preguntéis "¿por qué éste sí y yo no?". La suerte es importante, estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Alejad la amargura. La ansiedad ensucia. Hay gente que llega fresca y se le va torciendo el gesto por ese rencor del por qué éste y no yo». Y, de paso, algunos consejos prácticos: «Id con el texto aprendidísimo y dispuestos a que os cambien cosas. Sed puntuales. Id limpios. Reíos, pero son cosas básicas que no todo el mundo respeta. Vestíos de acuerdo al personaje, sin disfrazaros. Si vais a interpretar a una prostituta no vayáis dando vueltas al bolso, pero tampoco de monja ursulina. Que vuestro vestuario ayude a la imaginación del director. Las fotos, pocas pero buenas. Una o dos. En plano corto. Fondo liso. Sin adornos superfluos. El importante eres tú».

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