Náufragos del diario

Suspenso

29.05.2008 | 05:09
Suspenso
Suspenso

Lucas: «Nunca olvidaré aquella mañana en la que el profesor de redacción periodística, un tipo que nunca había pisado la redacción de un periódico, carraspeó, miró a los 23 alumnos legañosos y les dijo: la preocupación nunca debe llevar a la depresión, sino a la acción. Y dejó que el silencio se adueñase del aula hasta que un trueno vino en su ayuda como un eco de sus solemnes palabras. Después, sacó de su cartera de cuero negro una carpeta con todos los exámenes y la dejó caer sobre la mesa como si intentara romperla. O asustarnos. Están todos ustedes suspendidos, anunció, y mañana habrá otro examen. Después, recogió la cartera y salió de clase con andares altaneros. Mis ojos buscaron a Sofía. Ardían. Y sonreí. Fue el único que lo hizo. Una sonrisa vengativa. Mi rencor se había fraguado durante los cuatro meses en los que ella y el profesor habían sido amantes. Aún recuerdo lo que sentí cuando me lo comunicó durante la cena en la que celebrábamos nuestro segundo aniversario. No sé cómo pasó, dijo con lágrimas en sus ojos azules, nunca creí que podría enamorarme de un hombre casado. Clavé el tenedor en el lomo de merluza como si la odiara. La odiaba, en realidad. Pero si es un posturitas pedante y esnob, resumí con tan mala uva que mi diestra tropezó en un gesto de furia contenida con la copa de buen vino y el mantel se desangró bajo mis dedos. El préstamo de mi padre para pagar tan cara celebración se me había atragantado. Vas a sufrir, dije, ¿lo sabes? Ella asintió, y comprendí que estaba deseando perderme de vista, incómoda con una mirada de estupor, lamento y rabia. De suspenso inesperado que anuncia un quebranto».

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