Hannah Clark, un solo latido

Una adolescente galesa a la que se implantó un segundo corazón a los 2 años recupera la actividad de su órgano tras extirparle el ajeno

15.07.2009 | 02:00

Londres / Oviedo


Efe / Ch. N.


Hannah Clark nació en 1993 con una cardiomiopatía que impedía a su corazón funcionar con normalidad, por lo que a los 2 años de edad tuvo que ser operada para trasplantarle el corazón de un donante, que se le injertó junto al suyo. Ahora, a los 16 años, Hannah da las gracias a los médicos: «Llevo una vida normal como mis amigos». Dentro, sólo lleva un único corazón, el suyo, que funciona perfectamente tras haberle sido extirpado el órgano ajeno hace ahora tres años. Su historia, publicada el martes por la revista médica «The Lancet», se ha convertido en relato ejemplar que prueba lo que los médicos sospechaban: que en casos de cardiomiopatía existe la posibilidad de que el propio corazón se recupere si el niño vive lo suficiente.


La operación para extirparle el corazón del donante se hizo diez años y medio después de que se le implantara. El cirujano Magdi Yacoub, del Imperial College de Londres y el hospital Harefield de Middlesex y el cardiólogo Victor Tsang, del hospital infantil londinense Great Ormond Street, concluyen, entre otras cosas, que, en casos de cardiomiopatía infantil, el corazón del paciente puede recuperarse si se le da tiempo.


Pese al éxito final, la historia de Hannah no ha sido fácil. Con el injerto del corazón del donante, se descargó la parte izquierda del suyo de sus funciones, lo que le permitió, con el tiempo, recuperarse. Sin embargo, como con todos los trasplantes de órganos ajenos, existe un riesgo de rechazo, y cuando Hannah tenía 8 años los episodios cancerosos se convirtieron en muy graves y el mal se le extendió, por lo que tuvo que someterse a diferentes tratamientos de quimioterapia. En el año 2003 los síntomas volvieron, por lo que se la volvió a tratar durante dos años más.


En 2005, un ecocardiograma indicó que, aunque su corazón funcionaba bien, el del donante estaba fallando, debido a que los médicos habían tenido que reducir los medicamentos inmunosupresores para ayudarla a batallar contra el cáncer, lo que había producido un rechazo de su cuerpo al órgano.


Decidieron extirparle el corazón del donante, para poder prescindir totalmente de los medicamentos. Desde esta intervención pionera, tras la cual se le retiraron a Hannah los fármacos inmunosupresores, la niña se ha recuperado perfectamente y tampoco ha quedado rastro de los males que se le habían extendido por el rechazo. Una vida, un solo latido.

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