Washington, Agencias
El presidente de EE UU, Barack Obama, fue ayer el anfitrión del encuentro más esperado de su mandato en los jardines de la Casa Blanca: la llamada «cumbre de la cerveza» con el catedrático negro Henry Louis Gates y el policía James Crowley, protagonistas de un polémico altercado racial.
El encuentro había suscitado un enorme interés en los medios de comunicación, que se preguntaban en grandes titulares si «la cumbre de la cerveza conseguiría saciar la sed de diplomacia», después de que Gates y Crowley se enfrentaran cuando el policía detuvo a Gates en su domicilio tras un aviso de posible robo.
Dos de las principales cadenas de televisión, CNN y MSNBC, mostraban en sus imágenes un reloj que marcaba la cuenta atrás para el comienzo de la reunión. En los últimos dos días el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, se había visto acribillado a preguntas en sus ruedas de prensa diarias acerca de qué marcas de cerveza exactamente tomarían los convidados, o en qué lugar preciso de los jardines iban a sentarse.
La respuesta: Obama, una Bud Light; el sargento Crowley, una Blue Moon; el catedrático Gates, una Sam Adams Light, y Biden, una Buckler sin alcohol. Se sentaron en las proximidades del Despacho Oval.
El propio Obama se declaró antes del encuentro «fascinado por la fascinación» despertada. «No es una cumbre, somos tres personas que vamos a compartir una cerveza al final del día y -ojalá- tendremos la oportunidad de escucharnos los unos a los otros», indicó el presidente.
Pero la expectación llegó al punto de que incluso se pronunció el sector cervecero norteamericano, escandalizado por la elección de marcas extranjeras. «Esperemos que la próxima vez que el presidente tome una cerveza elija una cerveza estadounidense, hecha por trabajadores estadounidenses de una compañía estadounidense», declaró un portavoz.
La costumbre de Obama de poner sobre la mesa unas cervezas a sus invitados -no es la primera vez- tampoco gustó a la Liga Femenina de Abstinencia Cristiana, quienes sugirieron que la próxima vez Obama debería ofrecer el clásico té frío o, en su defecto, una refrescante limonada.
En torno a una mesa blanca se sentaban Obama y el vicepresidente de EE UU, Joe Biden, en mangas de camisa. En una posición manifiestamente menos relajada se encontraban Crowley y Gates, ambos de chaqueta y corbata.
Los cuatro consumían cerveza en jarras de una pinta, mientras picaban cacahuetes y galletitas saladas de unas bandejas de plata en medio de la mesa.
En un comunicado tras el encuentro, Obama reveló que los dos implicados ya habían conversado entre ellos, «lo que les honra». «Siempre he creído que lo que nos une es más fuerte que lo que nos separa», sostuvo el presidente, quien consideró que «eso es lo que ha ocurrido esta noche y creo que todos nosotros podremos sacar una lección positiva de este episodio».
El encuentro informal se produjo después de que Gates fuera detenido el pasado día 16 cuando Crowley, que había recibido un aviso de robo, acudió a investigar qué ocurría. Gates, una autoridad en estudios afro-americanos, acababa de llegar de viaje y había tenido problemas para abrir la puerta de su vivienda. Según Crowley, Gates le gritó. Según Gates, Crowley le despreció por su raza. El profesor acabó detenido y Obama llegó a acusar a la Policía de actuar de forma «estúpida», declaraciones de las que tuvo que retractarse ante la polémica generada posteriormente.