Nueva York / Oviedo,
Agencias / P. G.
Sheryl Weinstein será pronto el nuevo calvario de Bernard Madoff. Esta mujer, que asegura haber sido amante del estafador, ha decidido vengarse de su ex y publicar un libro en el que desvela sus secretos de alcoba. Entre otros, que Madoff «no está bien dotado».
Weinstein, de 60 años, conoció a Madoff hace 21 años durante una reunión de trabajo, cuando se encargaba de las cuentas de una agrupación de mujeres sionistas de Estados Unidos, y, en 1993, mantuvo por primera vez relaciones sexuales con él. Ahora, y bajo el título «Madoff's other secret: love, money, Bernie and me» («El otro secreto de Madoff: amor, dinero, Bernie y yo», a la venta el 25 de agosto), Weinstein relata su vida con el mayor estafador de Wall Street.
Asegura que tras ese primer encuentro en un hotel de Washington, Madoff la llamó para enviarle un mensaje cómplice. «Ahora ya me conoces bien». La comunicación no fue profética, y ni ella fue capaz de descubrir la trama con la que Madoff se embolsó cantidades ingentes de dinero de sus inversores.
«Madoff sabe besar muy bien», asegura Weinstein en el libro, en el que también reconoce que fumaba marihuana antes de mantener relaciones sexuales con el financiero, un hábito que, según dice que le confesó Madoff, también tenía la esposa de éste, Ruth. Con las ventas de este libro, que se prevén millonarias, Weinstein -casada desde hace 37 años-, espera compensar gran parte del dinero perdido por su familia debido a la gigantesca estafa del que fuera presidente del Nasdaq.
La escritora novel no oculta los detalles más jugosos de su breve relación. La historia comienza «cuando todo eran besos y arrumacos» en una primera cita, en la que «no hubo sexo» a pesar de alojarse en un hotel situado a tan sólo dos manzanas del ático que el empresario compartía con su mujer y sus hijos. También describe las escenas más íntimas de un «affaire» que recorrió durante un año por los hoteles más lujosos de Manhattan, a pesar de la decepción que Weinstein sintió en su primera noche, según sus propias palabras.