JAVIER CUERVO
Los farmacéuticos se benefician en la crisis del mayor consumo de antidepresivos, declaró este verano Alfonso Domínguez-Gil Hurlé, catedrático de Farmacia. Cuando llegue la recuperación económica podrán quejarse de la caída de la venta de los antidepresivos poniendo como cota las facturaciones de 2008-2009.
Con el plan de ayudas se ha logrado la primera cifra positiva en 16 meses en el mercado del automóvil, pero las ventas vienen a ser como las de hace más de 10 años, lo que contradice el crecimiento continuo, fe sobre la que se planifican los objetivos, trabajan los comerciales y se contrata o despide a los «currelas». En 2008 las ventas de coches cayeron un 40% respecto a 2007. El récord histórico es de 2005, aunque de 2004 a 2007 casi hablamos de 1.600.000 matriculaciones anuales.
Ahora que estamos batiendo récords de paro (el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, confía en que España no llegue a los cinco millones de parados) y que el desempleo se ceba en los trabajadores menos cualificados, sale el récord de mileuristas: el 63% de la población.
Podría ser una buena noticia. La palabra «mileurista» la inventó una publicitaria treintañera para referirse a los profesionales que, como ella, con título superior y máster, vivían en grandes ciudades como Madrid y Barcelona cobrando mil euros. Fuera de las grandes ciudades y por debajo de esa formación mucha gente cobra menos.
Pero sabemos lo que cuesta la vida (la casa, en compra hipotecaria o en alquiler, el coche, la cesta, etcétera) y entendemos qué significa «mileurista». No cuadra que el empresariado español diga que el trabajador sale caro. Todo falla si no merece la pena ser empleador y no merecería la pena ser trabajador de no ser porque alimentarse y vestirse, en niveles bajos, no hay «Bigotes» que los regale.