JAVIER
CUERVO
No, Belén Esteban no es «la chica del barrio» como dicen para justificar o diagnosticar el fenómeno (en cualquiera de las tres acepciones de las que puede participar: cosa extraordinaria y sorprendente. Persona o animal monstruoso. Persona sobresaliente en su línea).
La sociología, la economía y el urbanismo dicen que la mayor parte de las chicas de España son de barrio y, aunque hay de todo, no aspiran a vivir de un parto y de mucha maledicencia, a ser «la madre de su hija», siendo esta última un escudo humano... Las chicas de los barrios se forman, trabajan o intentan hacerlo... según las estadísticas.
No. Belén Esteban, con su cháchara de frases hechas, su dedo de advertencia, su cátedra para divulgar la ignorancia como forma de desconocimiento y la aspereza como estado de ánimo, sólo es modelo de las que es modelo, estén en el barrio, en el centro, en la urbanización o en el pueblo.
Aceptemos que Tele 5, Jorge Javier y ella se lucren emitiendo que «nunca se ha lucrado a costa de su hija». Ésa es la capacidad filosofal que tiene la telebasura: convierte la basura en oro. Funciona así: ladran, luego anunciamos; estamos con las marcas. Vale que hasta la intervención del Defensor del Menor de Madrid en defensa de una niña de la que se puede saber todo por televisión dispare la audiencia. Sea que el fiscal no haya querido ver un delito de amenazas al Defensor del Menor de Madrid en la frase «yo por mi hija mato» con la que la Esteban redondeó sus declaraciones, imitando a la loba de Félix Rodríguez de la Fuente (ah... tiempos en que en TV la vida salvaje se mostraba con animales). Así, el fiscal evitó echar levadura a la audiencia, suma de personas suficiente para hacer muy rentable algo muy barato.
Siempre pulpo es animal de compañía, pero eso de que es modelo de las chicas de barrio es roña clasista para seguir siendo cínicos y servir bazofia.