Oviedo,
María José IGLESIAS
La Pasarela Cibeles -ahora Madrid Cibeles Fashion Week- no se libra de polémicas ni en su 50.º cumpleaños. Hoy culminan cinco días con 48 desfiles marcados por la repetición de estereotipos y alguna pincelada gloriosa. El mejor ejemplo, los vestidos de noche de Elio Berhanyer o Alma Aguilar. Si la Semana madrileña no logra emocionar con sus propuestas, siempre arrastra temas paralelos que animan el backstage.
Este año han sido los honorarios de las modelos estrella, recortados en 2.000 euros por la empresa organizadora. La asturiana Bárbara García, una de las modelos más cotizadas del mundo, con tarifa de 6.000 euros en París y Nueva York, canceló el jueves 20 pases contratados. Desfiló con Delfín y hoy lo hará con Carlos Díez. Marina Pérez y Madeleine Hortj son casos parecidos. Crisis sí, pero desfilar de saldo no. Esa es la consigna de las modelos afectadas, que no ocultan críticas hacia otros eventos, como fiestas y promociones con famosos, en los que se invierten cuantiosas cantidades. La cita madrileña avanza por una peligrosa autopista. Algunas modelos -se niegan a revelar sus nombres- aseguran que en el circuito mundial no viste demasiado estar encasilladas como modelos «cibeleras». También ha llamado la atención la extrema delgadez y el aspecto enfermizo de algunas modelos, a pesar de los controles de peso que deben pasar. Los modistos no libran esas guerras. Bastante tienen con vender su producto. El argentino Roberto Torretta, asturiano por matrimonio, fue una de las alegrías estéticas de ayer. Los pantalones bugys, los minivestidos vaporosos y el empleo de seda y cuero gustaron. La prometida colección de gafas llegó por los pelos. Los hijos de Torretta le han asesorado en esta nueva aventura.
Alma Aguilar conquistó a las románticas con volantes, drapeados, verdes mentolados y rosas empolvados. Es la Von Furstenberg española. Desde que Salma Hayek se puso uno de sus vestidos para una entrega de premios, la madrileña ha ampliado su lista de clientas al otro lado del Atlántico. Es delicada. Un adjetivo que no podría ponerse a la colección de lencería y baño de Andrés Sardá, derroche de brillos, plateados y estéticas rockeras, salpicadas de gasas. La familia Sardá presentó una mujer pin-up, con aire de niña mala. Algunas propuestas recuerdan a pasadas colecciones de la marca americana Victoria's Secret, instalada en la sutil frontera entre lo atrevido y lo vulgar. Adolfo Domínguez, más reposado, regresó con Gwyneth Paltrow como reclamó de primera fila. El famoseo patrio no es suficiente. Con vestido azul marino, la actriz estadounidense, que aprendió español en Talavera de la Reina, cumplió con la casa orensana. Atrajo plumas y flashes. Las Royal no acuden a Cibeles. Laura Ponte sí estuvo con su ex cuñada Simoneta en el desfile de Miguel Palacio. Entre los treinta jóvenes que muestran colecciones en el showroom de El Ego repitió la ovetense Cecilia Sanchís. Roberto Verino también ha regresado. Juanjo Oliva, que este otoño abre tienda en Madrid, ató lazos y nudos. Lo suyo es el estilo ampuloso-chic, para mujeres con carácter. Duyos cubrió a su modelos con espectaculares hortensias.
Para hoy hay expectación por el trabajo de Carlos Díez, Sita Murt y Guillermina Baeza. Cibeles celebra bodas de oro, pero algo pasa cuando las marcas que más se conocen fuera son Zara y Mango.
Menos mal que este año el gran Berhanyer cumplía 80 años y lo celebraba a lo grande, sobre la pasarela, abrazado a las modelos, como evanescentes diosas griegas cubiertas de sedas. Entre ellas, Judit Mascó y Nieves Álvarez, que no se resistieron a pasar la ropa de uno de los pocos maestros de la aguja que quedan vivos en España. Los dos otros dos son Pertegaz y Pedro del Hierro. En la imagen, Judit Mascó y, tras ella, Álvarez, con vestidos de Berhanyer.