Oviedo, Agencias
Faltaban nueve minutos para las siete de la tarde en Madrid, las tres de la tarde en Río de Janeiro, cuando el presidente del Comité Olímpico Internacional, el belga Jacques Rogge, echaba un nuevo jarro de desilusión sobre la candidatura de la capital española y desataba la euforia en la ciudad brasileña. Los Juegos de 2016 se iban para Río.
Los más de doce mil madrileños congregados en la plaza de Oriente, según el Ayuntamiento, se mostraron descorazonados al conocer que Madrid no albergará los Juegos Olímpicos en 2016.
El descarte de la capital llenó la plaza de silencio, de caras de tristeza, de lágrimas asomando a muchos ojos y de la fría sensación de que el esfuerzo no siempre tiene su recompensa.
Madrid sufría ayer su segunda derrota consecutiva en su afán por ser sede de unos Juegos Olímpicos, en una carrera que comenzó hace 44 años como aspirante a las Olimpiadas de 1972 y siguió con la candidatura para 2012; pero esta vez ha dolido más que nunca, quizá porque nunca había sentido la victoria tan cerca.
«Lo hemos tenido muy cerca y es una auténtica pena no haberlo conseguido», comentaba el consejero de Presidencia madrileño, Francisco Granados, quien añadió que la delegación olímpica española «ha trabajado mucho y muy bien, como ninguna otra». En la misma línea se ha expresado el concejal socialista Pedro Zerolo, para quien «El espíritu olímpico de Madrid sigue más vivo que nunca».
Y prueba de ello ha sido la calma y la tranquilidad con la que los miles de ciudadanos, sobre todo jóvenes que han animado la candidatura madrileña, abandonaban la plaza de Oriente; tristes pero, a pesar de todo, «solidarios» porque -como comentaba una chica- «Río también merecía los Juegos».
Y al tiempo que Madrid rompía en lágrimas, una explosión de júbilo sacudía la playa de Copacabana, donde 50.000 personas se fundieron en abrazos, bailaron y se desgañitaron clamando al cielo «Río es campeón» y cantando juntos su orgullo de ser cariocas, o sea, habitantes de la segunda mayor ciudad de Brasil.
Ahí comenzó una seguidilla de conciertos que poco pueden desmerecer del Carnaval, primero con el grupo de samba «Revelação» y después con la batería de la escuela de samba Académicos de Salgueiro, campeona del último Carnaval, que se encargó de agitar las caderas de los brasileños y turistas al ritmo frenético de sus tambores y timbales.
«¿Hasta cuándo la fiesta? Tenemos siete años por delante», decía Marcelona, un productor musical de 38 años. «Vamos al jaleo, vamos al jaleo», gritaba João, un jubilado de 60 años ataviado con la camiseta de la selección brasileña y una bandera del país.
El concierto y el frenesí llegaron a eclipsar en algunos momentos incluso a las votaciones de los miembros del COI, puesto que la actuación no llegó a detenerse con la eliminación primero de Chicago y a continuación de Tokio, de las que tan solo se supo por un pequeño letrero en las pantallas que no fue previamente avisado y pilló desprevenidos a los cariocas.
Con la eliminación de Chicago muchos fueron los que daban ya por segura la elección de Río, pues a la ciudad de Obama se consideraba, sin ninguna duda, la principal rival.