Pravia, Mario D. BRAÑA
Médico, alcalde, empresario, deportista. Hay gente como Francisco Javier Fernández Casielles que encuentra tiempo para todo. Y a la que casi todo le sale bien. En el caso del piragüismo y de Casielles, no hay duda. Se unió a un grupo de pravianos para crear de la nada un club, Los Cuervos, convertirlo en uno de los mejores de España en la década de los 70 y comienzos de los 80. Casualidad o no, desde su marcha Los Cuervos nunca volvieron a volar tan alto.
Francisco Javier Fernández Casielles (Pravia, 25 de marzo de 1942) sospecha que su querencia por la piragua viene de su madrina, que vivía en Infiesto y estuvo entre los pioneros del Descenso del Sella. Hasta tal punto caló en él que con 13 años hizo un paréntesis en su veraneo en Santander por una carrera: «Quería estar Pravia para el primer descenso del Narcea. Tardé ocho horas hasta Oviedo en el Económico y después tuve que coger otro tren hasta Pravia. Mi padre me dijo que estaba loco».
Tuvo que esperar un montón de años para sentirse protagonista de aquella prueba. Fue en 1967, pocos días después de comprar un primera piragua a Dionisio de la Huerta, por 3.500 pesetas. Un 2 de septiembre se subió por primera vez a la embarcación y el 6 se puso en la línea de salida del Descenso: «Volqué tres veces en 50 metros y, lógicamente, me retiré». No se rindió y, mientras estudiaba en Madrid, se dejó caer por la Casa de Campo para entrenarse con el Club Alberche, que presidía el asturiano Manolo Fonseca. Se convirtió, además, en un estudioso del piragüismo y enseñó a remar, entre otros, al eurodiputado del PSOE Josep Borrell.
Junto con un grupo de amigos de Pravia dio vida al Club Los Cuervos, casi unos héroes en aquellos tiempos. Casielles cita a Félix Marcos, Víctor Noriega, Luis García, José Luis Quiroga, Marina Cadahía o José Augusto Martínez, las personas que pusieron, nunca mejor dicho, la primera piedra: «El calentamiento para salir a remar consistía en tirar de pico, pala y carretilla. Con residuos de obra construimos un tendejón de mala muerte para guardar las piraguas».
Nada parecido a lo que se pueda considerar unos vestuarios: «Estuvimos varios años sin agua ni electricidad. Salíamos del río llenos de carbón y teníamos que ir a ducharnos a casa». Casielles estuvo en el día a día del club hasta 1975, aunque apoyó a su sucesor, Manuel Bernardo, «que lo hizo muy bien». A partir de 1979, cuando fue elegido alcalde de Pravia, colaboró de otra manera con el club: «No di un duro para gastos de deportistas. Sólo lo invertí en infraestructuras para los clubes, como en el campo del Praviano».
Fernández Casielles está orgulloso de su labor en Los Cuervos, un club que rompió moldes: «Fuimos los primeros que llevamos publicidad en serio, primero de Heno de Pravia, después Toscaf y Aldi. También tuvimos la primera balsa que hubo en España, una furgoneta con remolque y ya utilizábamos informática. Teníamos casi 400 socios, que pagaban cinco pesetas al mes». Pero, sobre todo, innovaron en métodos de entrenamiento.
«La mayoría de los clubes se preparaban muy fuerte para llegar bien a las primeras pruebas, en febrero», explica Casielles. «Nosotros empezábamos suave para buscar el pico de forma más alto en verano. Por eso, en sólo tres años ya ganamos el Campeonato de España por equipos». De Pravia salieron grandes palistas, desde Jorge, Suso y Pilís hasta Toni Mallo, pasando por Carou, Vivi y los canoístas Mon, Grana y Joaquín.
Detrás de esos éxitos estuvieron personas como Fernández Casielles, que también predicó con el ejemplo y presume del primer Campeonato de Asturias de C-2 junto a Luis María, o de haber bajado el Sella en 1988 junto a su hijo de 18 años. Un año después fundó Terpla, ahora Linpac, y se alejó de un mundo que le dio muchas satisfacciones: «Sobre todo por la oportunidad que tuvieron muchos chavales de realizarse deportivamente. Gracias al piragüismo recorrieron mundo y abrieron la mente».