JAVIER CUERVO
«Imagina ser diseñadora de moda» para Nintendo DS lleva 3,5 millones de ejemplares vendidos. Eso debería aliviar a los partidarios de los juguetes no sexistas, no porque las niñas también videojueguen sin emular a un gángster rapero, sino porque diseñen moda. A ver si, jugando, jugando, de esos 3,5 millones de chiquillas acaban saliendo una docena de mujeres que diseñen moda para mujeres que se puedan poner mujeres, empezando por ellas mismas.
A la moda le pasa un poco como a la alta cocina: los que te hacen un menú largo y estrecho lleno de maravillas crudas cruzadas con filigranas al fuego, texturas ambiguas y aspectos equívocos en los que reside la sorpresa confiesan que, al llegar a casa, les gusta comer un par de huevos con chorizo de pueblo. Con la moda ves que los diseñadores de prendas sorprendentes por corte, tejido y estampado luego son señores vestidos de preso de Alabama.
Este año asombran los zapatos de mujer con taconazos por lo sufridos de calzar que son y por lo difícil que será distinguir una chica a la moda de un zancudo del teatro de calle. A esos zapatos no es pertinente aplicarles el verbo «gustar», sino la funcionalidad de que puedan ser calzados esos taconazos que equinan el pie y que hacen ir de puntillas. En los anuncios quedan bien, aunque las modelos salen sentadas.
Se diría que el vistoso y festivo Carnaval de Santa Cruz de Tenerife quiere pasar a la cotidianidad de este otoño con una mezcla de plataforma y tacón de aguja que es mixtura y engendro, que ridiculiza el andar, que denuestan los traumatólogos y que merecería intervención del Ministerio del Interior por el riesgo de precipitación al vacío de la postura que impone. O de Sanidad obligando a poner en las cajas de zapatos una leyenda como las de las cajetillas: «calzar moda puede matar». «Las autoridades sanitarias advierten de los daños óseos y musculares del taconazo», etcétera.