Las Palmas de Gran Canaria,
Agencias / «La Provincia»
Concepción Santana, la madre del cabo muerto en Afganistán el pasado miércoles, Cristo Ancor Cabello, declaró ayer que su hijo falleció «haciendo lo que a él le gustaba, que era su profesión, trabajando en lo que él quería, por y para su patria». Palabras de orgullo y también de denuncia. Santana pide que los soldados vuelvan y denuncia que allí están vendidos.
«Le pediría al Gobierno que tantos chicos jóvenes, por favor, que se los traigan para su tierra, que nosotros ahí no pintamos nada. Tiene que pasar una cosa así para que el pueblo se dé cuenta de lo que realmente está sucediendo en Afganistán», declaró emocionada en la radio autonómica Canarias Radio.
«No lo puedo decir de otra manera. Están vendidos allí, porque el armamento del Ejército español es muy antiguo. Desgraciadamente», aseguró Concepción, para luego asegurar que el grupo integrado por su hijo «había tenido otros encuentros» ya con terroristas, «lo que pasa es que no salen a la luz pública».
Entre lágrimas, la madre del cabo canario Cristo Ancor proclamó orgullosa que su hijo «entró en el Ejército con 18 y murió con 24» y detalló que nunca fue consciente de los peligros porque «la cosa se complicó estando allá. Le pasó como a muchos de los que han ido y seguirán yendo, porque van con unas ideas y luego se encuentran en peligro», sentenció.
Concepción Santana insistió en que Cristo Ancor siempre quiso ser militar, tenía condecoraciones y la condición de tirador selecto y que ya había cumplido misión en el extranjero en Líbano, aunque aquello era muy distinto. «Me comentó», siguió la madre, «que Líbano era un paseo, unas vacaciones, en comparación con lo que estaba pasando en Afganistán».
También desencajada por la noticia de la muerte del militar español, un día antes, Concepción López, la abuela materna, había roto en llanto delante de la casa familiar al grito de «son unos asesinos». Del brazo de su esposo, Juan Santana, con problemas de corazón, y llena ella de lágrimas el rostro, siguió denunciando los pasos que acabaron arrebatándole un nieto: «Estamos pasando el peor momento de nuestra vida. Le obligaron a irse. Le dijeron que iba en una misión humanitaria y se lo llevaron a una guerra».
En el barrio de Las Chumberas en Las Palmas, frente a la calle de Teobaldo Power, donde está el domicilio familiar, el desfile de familiares y amigos destrozados por el dolor ha sido constante desde que se conoció la noticia. El abuelo de Cristo apenas podía mirar el monovolumen negro de su nieto, todavía aparcado allí, con la sillita de bebé en su interior, la del único hijo del militar fallecido.
El pequeño, que va a cumplir su primer año de vida este mismo domingo, el 11 de octubre, se encuentra con su madre en Venezuela, donde fue a pasar un tiempo mientras su compañero seguía en el destino.
Por Las Chumberas, a las lágrimas y el silencio sólo se sucedían comentarios en voz baja para recordar que lo que más se recuerda del militar «era su sonrisa».
La familia fue la que ayer hizo una petición al Ministerio de Defensa por la que se anuló la convocatoria a los medios de comunicación para la recepción en la base aérea de Gando (Las Palmas) de los restos mortales del cabo, prevista para la pasada medianoche.
<Concepción Santana
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Madre de Cristo Ancor
«Ha muerto haciendo lo que le gustaba, que era su profesión, trabajando en lo que quería, por y para su patria»
«Me dijo que, comparado con Afganistán, lo de cuando estuvo en Líbano era un paseo, unas vacaciones»
<Concepción López
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Abuela materna
«Le obligaron a irse, le dijeron que iba en misión humanitaria y se lo llevaron a una guerra»