Gijón, Eloy MÉNDEZ
Siempre que Arturo Muriedes coge lápiz y papel, sus compañeros de clase en el Colegio Público de Cabueñes se agolpan junto a su pupitre. Es lo que tiene ser un genio con apenas nueve años. Sus habilidades para el dibujo empezaron a despuntar cuando apenas sabía escribir, ante el asombro de su madre, Delfina de Poo, que fue la primera en descubrir el talento innato del pequeño. «Sus dibujos siempre han sido su forma de expresarse, tanto cuando está alegre como cuando está triste», decía ayer con voz acelerada poco antes de que el niño inaugurase una exposición de 21 de sus caricaturas en el restaurante gijonés La Quinta del Ynfanzón. «Es un orgullo», añadía emocionada.
También al borde de un ataque de nervios estaba el artista. Arturín, como le llaman muchos de sus amigos, no quería hablar con casi nadie. Es un chico tímido al que no le gusta ser el centro de atención, pero ayer era inevitable que tuviera que contestar a toda clase de preguntas. «El dibujo que más me gusta es uno en el que sale un monstruo muy grande», decía con tono suave. El que menos... «ninguno». En la sala, junto a él y en todo momento, estuvieron sus padres y su hermana mayor. Los tres con cara de incrédulos. «La verdad es que nos emociona por él, pero para nosotros es un poco lata, porque no sabes si tienes que invitar a los amigos y obligarles a venir o no decirles nada y jugártela a que se enfaden», explicaba la mujer.
El que seguro que va a ser fiel a la exposición hasta su cierre -fecha aún por determinar- es el profesor de música de Arturín. Y es que José Lorenzo Poyán cumplió ayer un sueño. «Desde que se fijó en sus dibujos, se empeñó en que expusiera», subrayaba ayer la madre del pintor. Por eso, movió varios hilos y consiguió que La Quinta del Ynfanzón «donara» varias paredes para acoger la muestra. Del resto se encargó el propio autor. «Eligió varios dibujos, muchos los hizo en un reciente viaje que hicimos a Lisboa», decían sus padres. Por el momento, el portento aún no ha dado muestras de vanidad. «Es muy normal», señalan en su casa. Eso sí, últimamente ha empezado a pintar bicicletas en vez de monstruos. Sin duda, una primera evolución en su prometedora carrera.